La foto de Schrödinger

Hay una pregunta de esas filosóficas con mil respuestas que podemos considerar válidas o no que se plantea lo siguiente: Si un árbol cae en el bosque y no hay nadie para oírlo, ¿Hace ruido al caer? Aunque es de un par de siglos antes de que Schrödinger hablara de su gato, es una paradoja similar y me ha parecido oportuno unirlas.

La idea básica de la pregunta es que te plantees si algo existe aunque no haya nadie para percibirlo o si es necesario que alguien perciba ese sonido para que sea real. Ya os digo que se trata de una pregunta con mil respuestas, todas válidas según quién la explica, pero hoy yo llevo esta pregunta a la fotografía.

Mi padre

Padres

Creo que ya os he contado antes que a mi padre siempre le gusto mucho la fotografía. En realidad mi padre era un pequeño hombre del renacimiento, le gustaban todas las artes. La fotografía y la pintura fue donde más se volcó, pero también tocaba varios instrumentos, con mayor o menos maestría, siempre siendo autodidacta en todas las disciplinas.

Fue él quien me inculcó, aunque yo no lo supiera, el amor por la fotografía. La magia del cuarto oscuro, la luz, el uso de filtros, la magia de la composición, la paciencia que requería… fueron cosas que detesté durante mis años de infancia cuando nos hacía posar infinitas veces durante infinitos minutos para hacer una simple foto.

No, no eran los tiempos de ahora donde sacas el móvil, das dos pulsaciones en pantalla y tienes una foto perfectamente enfocada e iluminada. Requería su tiempo enfocar, estudiar la iluminación, ajustar la exposición, la apertura del diafragma… cuando cogía la cámara un domingo por la mañana y decía «Vámonos a la Alcazaba», nos echábamos a temblar.

Con el tiempo aprendí a valorar todo aquello.

Las fotos

No podría decir cuantas fotos hizo mi padre en su vida, en tiempos en los que una foto requería su tiempo y, sobre todo su dinero. El precio de los negativos, el revelado, las copias… Todo era carísimo para una familia de clase media, pero mi padre siempre sacaba algo para ese «vicio».

Filtros de otros tiempos

Gracias a eso hoy tenemos fotos de mis padres en Suiza, de nosotros de pequeños, de nuestras abuelas e incluso bisabuelas, del Simca 1000 rojo, de nuestras primeras mascotas… son fotos que hacía para el recuerdo, fotos de momentos especiales.

También hacía fotos artísticas, de paisajes, de la ciudad, de viajes, de alguna montaña… Experimentos con filtros que compraba para ciertas cosas. Y os recuerdo que un filtro era, literalmente, un filtro que se ponía delante de la lente y modificaba el negativo. No uno de esos de Instagram que puedes probar 3.000 hasta dar con el efecto que te guste. En aquel entonces ese filtro quedaba marcado y, si no te gustaba el resultado, era tiempo Y DINERO tirados.

Eran, sin duda, tiempos muy diferentes.

La foto de Schrödinger

Mi padre no hacía las fotos para publicarlas en un internet inexistente, para ponerlas en un tablón de anuncios ni nada similar. Las hacía para él y para nosotros, para compartirlas en un momento dado con la familia cuando nos daba por abrir un viejo álbum a recordar viejos momentos.

Daba igual si sólo las veía él o incluso si no llegaba a revelarlas. Muchas veces pedía sólo los negativos y «sacaba» sólo las que más le gustaban. Os recuerdo que cada copia valía dinero. Sus fotos no buscaban los likes, los followers, la aprobación social…

Hoy en día parece que si una foto no se sube a redes sociales no existe, como el sonido del árbol o el estado del gato de Schrödinger. Quien dice foto, dice videos. Tengo la impresión de que no se piensa tanto en que la foto te guste o que capture un momento especial que te apetezca recordar el día de mañana. Se piensa principalmente en que la foto sea «instagrameable», en que la pueda ver mucha gente y reciba muchos likes.

Pues aunque la mayoría de filósofos digan que el árbol no hace ruido al caer si no hay nadie para percibirlo, yo os digo que sí. Y que las fotos, aunque no se suban a Instagram, están ahí para recordarnos buenos, o malos, tiempos pasados.

Porque nuestro vida no siempre es perfecta y no está de más que haya fotos que nos lo recuerden. Eso sí, compartamos nuestras vidas perfectas en Instagram, que eso es lo que mola, pero no olvidemos que esas fotos están filtradas. En muchos sentidos.

PD: El niño monísimo que aparece en la foto de Schrödinger que encabeza el post soy yo, con ese maravilloso Simca 1000.

2 thoughts on “La foto de Schrödinger”

  1. Es curioso, hay mucha gente que saca mas fotos en un día que antes en un año, pero las fotos que tengo en un album de papel las revisas con cariño mi,entras que las 20.000 del teléfono igual no lad revisas una vez han pasado 2 semanas…

    1. Yo soy muy obsesivo con eso. Esta mañana he estado haciendo fotos y he hecho seguro más de 100. Ya me que quedado con 10-12 y sólo alguna conservaré en el móvil. Me gusta que sea un álbum de verdad y eliminar mucha morralla porque si no es lo que dices: nunca lo miras.

      Saludos, Fran!

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