Recuerdos

¿Qué valor damos a nuestros recuerdos?

Estos días, gracias al amigo Lorenzo, me han llegado ecos del pasado. Recuerdos de una entre 25 y 30 años, puede que alguno más. Y claro, uno se emociona con esas cosas.

Mucha gente que ya no está, como mi madre, mi padre, la madre de mi cuñado… Muchas cosas de otros tiempos, como una botella de vino Savin de esas de tapón de plástico que sólo los más añejos del lugar recordaréis.

Hablábamos, montábamos las esterillas, comíamos tortilla y filetes empanados, jugamos al parchís… cosas normal de un domingo en un lugar que, a día de hoy, sigue existiendo y sigue reuniendo a familias enteras domingo sí, domingo también.

Lo más destacable quizás es la ausencia de móviles. No había. Ni internet, ni mensajes, ni móviles… lo único que podíamos hacer es hablar entre nosotros y dar paseos. Qué aburrimiento. Normal que no me gustaran esos domingos.

Veo esos videos, recuperados de una cinta de video de 8mm gracias a la magia de la capturadora de mi amigo Lorenzo, y evoco tiempos pasados. No sólo está eso. Hay cumpleaños, alguna feria, algún paseo matutino… y es bonita esa evocación. Y pienso en los recuerdos de hoy y lo saturados que estamos.

Antes cada foto era un acontecimiento. Tenías 24 o 36 en la cámara, que te habían costado un dineral, que te costaría un dineral revelar para poder ver, y que eran prácticamente únicas. Hoy en cualquier barbacoa sea hace 50 fotos. En una reunión cualquiera se hacen unas pocas. Un cumpleaños son decenas o cientos de fotos y videos.

Antes esos recuerdos escasos, ya fueran fotos o videos, se guardaban con esmero. Se colocaban en álbumes, se etiquetaban cuidadosamente las cintas con el contenido y se guardaban donde no se estropearan. Dedicábamos un tiempo a no perder esas pequeñas partes de nuestra vida que, hoy en día, han perdido todo el valor.

La mayoría de la gente ni siquiera almacena sus fotos digitales con cierto cuidado. Llevan cientos, miles de fotos y videos en su móvil sin valorarlos, porque posiblemente la inmensa mayoría no tengan valor.

Aparte de memes absurdos que nos colapsan la memoria disponible, cientos de fotos no significan nada. Estás con unos amigos y te ponen un plato de gambas, foto. Estás visitando la Alcazaba por decimocuarta vez y te haces el decimocuarto selfie con el cartel de la entrada. Estás con un compañero de trabajo al que ves a diario y haces una foto para compartir, como hiciste hace 2 días, dos semanas, 3 semanas, 2 meses… Sencillamente porque puedes.

Carecen, en la mayoría de los casos de valor ninguno. Yo mismo hago decenas de fotos de Lola que sé que no valen para nada. Las cuelgo en Instagram y listo. Pero la mayoría las borro. Sólo me quedo con alguna que es especial y la guardo a buen recaudo en mis nubes y mi NAS, porque me gusta tener recuerdos especiales.

La mayoría ni las guarda. Confía en que están en alguna nube, sin haberse preocupado de saber cómo funciona y de saber si está. Si las pierde lloran un poco, se lamentan y a continuar. Tampoco es tan importante, pero es una lástima perder recuerdos de momentos importantes. O eso pienso yo.

Como suele ocurrir, solo damos valor a lo escaso. Cuando algo no nos supone esfuerzo, como es hoy en día hacer fotos o videos, no le damos ningún valor. Y me parece una pena.

Cuando repaso mi colección de fotos o me llegan joyas como estas, me parece sencillamente maravilloso y es una lástima que no se valore como se merecen.

¿Y vosotros? ¿Dais valor a vuestros recuerdos en forma de fotos digitales?

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