Teletrabajo

Teletrabajo en tiempos de pandemia

Durante años mucha gente ha soñado con el teletrabajo. Los que podían teletrabajar por el motivo que fueran siempre eran objeto de envidia. Tú te puedes levantar cuando te da la gana. Puedes trabajar en pijama. Seguro que echas menos horas. Trabajas cuando quieres y si no nada. Son frases muy asociadas siempre a los que han tenido acceso al teletrabajo. Ha tenido que llegar una pandemia que obligue a mucha gente a teletrabajar para que cambien muchos conceptos. O eso creo.

Teletrabajo forzoso

Lo primero que hay que decir es que el teletrabajo es una opción como otra cualquiera y que, como todas las opciones, deberías ser fruto de reflexión. En este caso no ha sido demasiado meditado. Las circunstancias han obligado a quedarse en casa y, los que han podido llevarse curro a casa, felices de no formar parte de un ERTE, ERE o directamente un despido.

Ni las empresas estaban en la mayoría de los casos preparadas ni los trabajadores tenían los medios ni la consciencia de dónde se estaban metiendo. Unamos esto las circunstancias adicionales como que los niños también estaban en casa, que se ha tenido que hacer de profesores, que no todo el mundo disponía de los medios técnicos para ponerse a trabajar en casa…

No, no ha sido la mejor manera de probar lo del teletrabajo en absoluto pero sí espero que mucha gente se haya dado cuenta de lo que decía el principio: el teletrabajo no es la panacea, es sólo otra forma de trabajar.

Las empresas y el teletrabajo

Pocas, muy pocas empresas, estaban preparadas para el teletrabajo. Obviamente hablo de las que pueden funcionar así, no de esas que por sus características no pueden funcionar.

Dentro de estas, pocas tenían infraestructuras preparadas para ello. Teletrabajar no es darle al trabajador una carpeta con los documentos y que los contabilice en casa. Dar al trabajador la opción del teletrabajo requiere mucho más.

Requiere servidores de VPN para que se puedan hacer conexiones seguras. Un AnyDesk, TeamViewer o similar puede valer para algo puntual pero no es lo apropiado cuando se trata de teletrabajo, de pasar muchas horas conectado, no es la solución.

Implica tener servidores para escritorios virtuales o los ordenadores preparados para conexiones en remota, cosa que no se suele tener. Implica tener un nivel de digitalización alto en la empresa. Si las facturas, albaranes, listados… siguen en archivadores perfectamente colocados es prácticamente imposible porque cuando estés en casa siempre necesitarás justo ese papel que no te has traído.

Preparar una empresa para el teletrabajo no es cosa sencilla y se ha visto ahora. Cuesta dinero y esfuerzo pero las ventajas pueden ser muchas. Trabajadores con horario algo más flexible, lo que permite ampliar horario de atención. Ahorro en alquiler de locales, equipos, agua, electricidad… todo tipo de suministros se reduce al tener la plantilla en sus casas.

Muchas empresas han debido ver en estos tiempos que, dedicando el tiempo que se merece, es posible el teletrabajo. Parcial, por grupos, con días de asistencia, quizás no todos los puestos, pero es algo totalmente posible.

Conciliar y teletrabajar

Si algo ha demostrado esto es que hoy en día la conciliación consiste en empaquetar a los niños a la guardería y/o con los abuelos. No hay otra forma de hacerlo cuando los dos trabajan. Y en estos tiempos no ha sido posible. Eso sin duda a estropeado la experiencia del teletrabajo a mucha gente.

Teletrabajar es trabajar, aunque suene obvio. Eso implica concentración y orden, cosa bastante difícil cuando hay niños pequeños cerca demandando atención. En muchos casos esto está frustrando a muchas personas que, en otras circunstancias, posiblemente hubieran valorado más la posibilidad de trabajar en casa.

Por no mencionar que en este aspecto se vuelve a demostrar que la igualdad entre hombres y mujeres sigue estando lejísimos. Un altísimo porcentaje de mujeres son las que se hacen cargo de esas tareas del hogar y cuidado de los niños cuando los dos teletrabajan. Y no, teletrabajar mientras estás dando juego o haciendo los deberes con tu hijo no es conciliar.

La factura de teletrabajar

Claro que el teletrabajo, cara al trabajador, tiene ahorro. No tienes que desplazarte al centro de trabajo por lo que esa gasolina o bonos de transporte que te ahorras. Por no hablar del tiempo que te llevas al bolsillo. Yo ganaría más una hora diaria de mi vida que pierdo sólo en ir y volver al trabajo.

El desayuno en casa, la comida también, menos salidas con compañeros… Si, se ahorra, pero también se gasta.

No todas las casas disponen de un ordenador decente. Cada día se compran menos. Ya no es nuestro sitio donde sentarnos a ver internet o películas. Móviles, teles inteligentes, consolas… Mucho se habla del parque de coches envejecido pero os aseguro que el parque informático da mucha pena.

Internet, el WIFI como suele llamarse, sí que suele haber, pero puede que no bien preparado para conectarse o no en el lugar de la casa donde sería necesario.

El lugar de la casa, otra necesidad. No se puede trabajar en la cocina con el portátil mientras se prepara la ensalada y el gazpachuelo. Es necesaria una mesa, silla, cajones, lugares donde tener organizado el material.

Todo eso cuesta, y tendríamos que sumarle el gasto en electricidad, aire acondicionado, puede que teléfono… que normalmente asume la empresa y que en el teletrabajo asume, en principio, el teletrabajador.

Teletrabajo y teletrabajador

El kit de la cuestión para que el teletrabajo funcione es el teletrabajador.

Imaginemos la situación hipotética de una persona sin hijos o en un mundo sin pandemia donde pueden dejarlos «aparcados» las 8 horas que requiere un trabajo.

Imaginemos que la empresa dispone de los medios necesarios para que teletrabaje. Tiene servidores, escritorio virtual, correo en la nube, documentación escaneada, correos, centralita virtual para desviar las llamadas…

Incluso imaginemos que la empresa ha colaborado con el trabajador para que disponga de un ordenador apto para trabajar, su impresora, monitores, un buen puesto e incluso material de oficina. Ahora toca poner toda la carne en el asador. Teletrabajar requiere el mismo esfuerzo que trabajar. Puede que en un entorno mejor, pero requiere disciplina y trabajo.

Nada de trabajar cuando te apetece, nada de trabajar en pijama sin asearte, nada de echar horas extras o trabajar a deshora. El teletrabajo es trabajo y hay que tomarlo en serio.

Hay que tener rutinas, horarios, separar el tiempo y espacio de trabajo del resto de espacios y tiempos del día y de la casa. Cuando te pongas a teletrabajar hay que ser muy consciente de ello. Tanto el trabajador como su entorno familiar como, por supuesto, la empresa.

Leía hoy que se está «exigiendo» a los teletrabajadores estar disponibles casi 24 horas al día por el hecho de estar en sus casas. No, eso no es correcto. Hay que pactar unos horarios, unas horas al día de disponibilidad. Con la flexibilidad que empresa y trabajador estimen oportuna, pero teletrabajo no es esclavitud.

Teletrabajar es posible, si sabes cómo

Por supuesto que es posible. Yo lo he hecho y, dadas mis circunstancias, me encantaría seguir haciéndolo. Podría teletrabajar y asistir presencialmente un día a la semana, puede que ni completo. Concentrar en ese día todo lo que tenga que hacer en la oficina, alguna reunión y el resto del tiempo en casa.

No tengo niños, sólo gata. Tengo mi despacho acondicionado y mi ordenador. Conexión a la oficina y todos los medios necesarios. Me impuse mi disciplina y mis horarios, ligeramente flexibles. Funcionaba bien y sé que seguiría funcionando bien. Espero que algún día sea posible el teletrabajo porque es mi opción, mi decisión.

No será válida para todos. Por dificultades logísticas o simplemente porque prefieran un entorno de trabajo donde se relacionen con otras personas.

Yo, con relacionarme con Lola y quedar con amigos de vez en cuando para tomar algo, me basta.

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