Prohibida la entrada a niños

Prohibida la entrada a niñosFin de semana. Por fin. Trabajo los viernes hasta las 19:30 y me gusta quedar siempre que puedo con algún amigo para tomar unas cervezas, cenar y/o rematar la noche con unos GinTonics. Hasta las 11 o 12 de la noche, tampoco soy de juergas locas. Lugares tranquilos donde sentarnos en una mesa o en una barra a tomar una copa, hablo de la «sobre cena», y terminar la noche con una charla distendida. Y de verdad que en algunos caso echo de menos que en algunos bares pongan un cartel de «prohibida la entrada a niños» porque vaya tela. A ver, me explico mejor porque la culpa al final no es de los niños sino de los padres.

Esta noche. Cervezas y copas con el amigo Neneland y hemos acabado en el Chicago. Me gusta ese sitio. Lo conocí cuando aún olía a barniz fresco en las paredes. Una gran decoración y sobre todo buen ambiente. Buena música, buenas copas, precio decente y un servicio impecable. Son mis chicas y me encantan. Rocio y Carol son las que ahora más veo, aunque he visto a otras. Saben como tratar a un cliente y me encantan sus sonrisas y su forma de hacerme sentir especial. Y es una pena que este rato de unas copas bien servidas en la buena compañía de Neneland y en ese entorno se vayan a la porra por culpa de tres energúmenos que no dejan de dar vueltas por el local gritando y pataleando por los rincones. Corriendo y pasando una y otra vez junto a nuestra mesa. Sin dejarnos apenas hablar ni disfrutar la música. Y como os digo no puedo culpar a los niños, son niños.

Yo odiaba a los niños hasta que he tenido sobrinas. Ya son grandes pero han tenido esas edades complicadas para salir con ellas de bares. No recuerdo que JAMÁS hayan dado esa clase de espectáculos. No se les puede pedir que sean serenos ni que estén quietos, pero todo gran poder conlleva una gran responsabilidad, que decían en Spiderman. Ser padres implica cuidar a tus hijos y no sólo para que estén sanos y cuidados, también para que aprendan normas básicas de convivencia, como aprender a respetar a la gente y no pensar que aquello es suyo.

No he visto a los padres, que seguro que son muy buenos padres, pero en este sentido no sé que piensan. Entiendo además que es una situación violenta para el bar. Puede que incluso sean amigos suyos los que van con esos niños, pero la cuestión es que hemos visto a un grupo entrar e irse al ver el espectáculo que estaban dando los niños y mi amigo y yo casi seguro hubiéramos tomado una copa más por cabeza que no hemos tomado por el ambiente. Que nadie es imprescindible, ni los clientes, pero el estupendo trabajo que hacen Carolina y Rocío, y el resto de chicas que pasan y han pasado por allí, se va al traste con ese ambiente. Y los miles y miles de euros en decoración no se disfrutan si cuando llegas te sientes como en una venta del Puerto de la Torre un domingo a mediodía tomando un plato de paella.

En algunos sitios se han atrevido a poner carteles prohibiendo la entrada a niños. Es una decisión complicada. Todo el mundo entiende que se prohiba la entrada a perros, aunque para algunas personas sean tanto o más que sus hijos, pero lo de los niños se tiene que permitir si o si. Carteles así o post como este ofenden a los padres y a mucha gente, aunque los niños los dejen «sueltos» molestando a todos los clientes, dando gritos, balonazos o lo que sea mientras ellos toman sus cafés y copas sin preocuparse por sus retoños.

En fin, que yo se que los niños son niños, pero hay un tiempo y un lugar para cada cosa. Y hay niños, y padres, que necesitarían un poco de educación antes de entrar a algunos sitios.

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