Mi primera experiencia en un puticlub

Intercambiando mensajes con una gran amiga (de las mejores sin duda que he tenido en mucho tiempo) en Facebook, me ha venido a la memoria mi primera experiencia en un puticlub/prostibulo/club de alterne o como prefiráis llamarlo. Ojo, no penséis mal, no hablábamos de esos temas, pero estábamos refiriendo a la persona que me introdujo en ese submundo de los prostíbulos, cosa que le agradezco porque gracias a su ayuda me he mantenido muy alejado de ellos.

Sucedió en el primer viaje de empresa que hice cuando cambié de trabajo. Corría el año 2001-2002 (no recuerdo exactamente) y uno ya no era ningún chaval. De hecho, creo que esa persona que me llevó a mi primer puticlub era algo mas joven que yo. Sin embargo, en mis bastantes años de vida nunca me había atraído lo mas mínimo entrar en uno. Ni siquiera por curiosidad, que queréis que os diga.

Como os comento, era mi primer viaje de empresa para el nuevo trabajo. Estábamos en Barcelona, también mi primera visita a esa ciudad, y teníamos que pasar allí 3-4 días para un cursillo. Era otoño, hacía frio, pasábamos unas 9 horas encerrados en las oficinas de la empresa que nos estaban dando el cursillo y salíamos ya de noche, cansados, con la cabeza como un bombo y con mucho frio en la calle. La primera noche no hicimos mas que cenar, pero la segunda decidimos que teníamos que despejarnos algo mas. Era mi primera vez allí y quería ver algo de la ciudad, aunque fuera de noche. Decidimos ir a tomar unas copas e intentar ver algo de la ciudad. Lo típico, que si la sagrada familia, el Metro (os recuerdo o informo que soy de una ciudad sin esa maravilla de transporte público), algún parque, la Diagonal, no se, lo normal.

El caso es que decidimos hacer eso, pero fue imposible. Todo apagado, yo pensaba que La Sagrada Familia estaría iluminada pero nada, los parques oscuros y casi todo cerrado. Calles desiertas, porque la gente estaba en sus casas (era miércoles o jueves) y no teníamos ni idea de donde estaría el ambiente de copas por allí. Total, que tras un par de intentos de ver algo, mi compañero propuso que nos metiéramos en un sitio que había visto cerca del hotel. Yo recordé el sitio y le dije que bueno. Ponía club noseque y a mi, sinceramente, no se me ocurrió que podía ser eso. Pero el si que tenía claro donde íbamos a entrar, como descubrí a los 5 minutos de entrar.

Yo nada mas entrar y ver que aquello estaba lleno de viejos(y eso que yo no era ningún chaval), todos emparejados de chicas bastante feas en general pero medio en pelotas, ya vi de que iba el asunto. A este compañero los ojos le brillaban mirando a las mujeres y a los 20 segundos ya teníamos un grupo de 4 o 5 pegados a nosotros. Que si hola cariño, que si como estas, que si que guapo eres, que si que bien hueles, que si de donde eres. Yo recuerdo la escena como una pesadilla. A una le faltaban 2 dientes, otra era posiblemente de la edad de mi madre, la otra me miraba a mi y a mi amigo a la vez si girar la cabeza (bizca perdida, vamos). En serio, aquello parecía el museo de los horrores. Y a este que después de los ojos se le fueron las manos y empezó a sobar todo lo que podía muerto de felicidad y gusto.

Yo a los dos minutos, antes de pedir nada, ya le estaba diciendo que me iba de allí, que aquello no era lo mío. Pero entre el y las otras tipas venga a insistir, que nos quedamos un rato, que no teníamos «que subir» (entonces fue cuando aprendí aquél concepto de «subir»), que si nos tomábamos una copa en buena compañía y nos íbamos… Este me dijo que una cerveza y nos íbamos. Le dije que bueno, pero que nada de rollo. Se marchó a pedir las cervezas o lo que fuera y antes de que volviera yo ya me había marchado. El museo de los horrores venga a decirme que que guapo, que que ojos, que si no quería divertirme un rato, que me relajara…. Total, que les dije adiós y antes de que este volviera me salí. Lo esperé en la puerta unos minutos esperando que, al ver que me había marchado, saliera también. Nada mas lejos de la realidad. lo esperé 5 o 10 minutos (aquello era pequeñísimo y era imposible tardar mas de eso en pedir una copa) y en vista de que al parecer no tenía intención de marcharse, me marché yo.

Dormíamos en habitaciones separadas y no se a que hora volvió ni en que estado. Al día siguiente me preguntó que me había pasado, le dije que no me gustó nada el ambiente ni el rollo ese, que nunca había entrado a un sitio de esos y que no es lo mío. Me estuvo diciendo que era algo normal, que no pasaba nada, que estaban allí para eso, que hay que saber divertirse, etc, etc. Que encima yo sin novia ni nada no tenía ningún problema (el si que tenía novia), etc. Total, que aquel día descubrí ese submundo y, de regalo, algunas cosas sobre un ex-compañero que no podía ni imaginarme.

Uniendo eso a otra serie de cosas que descubrí en conversaciones con el durante el viaje, llegué a la conclusión que ese compañero, que hasta aquel entonces ni fu ni fa, era una de esas personas que no quieres tener cerca en absoluto. Cuanto mas lejos, mucho mejor. A ser posible en otra ciudad y ya mejor en otro planeta. No solo por este hecho de ser un putero, que dentro de lo que cabe fue el mal menor de todo lo que descubrí de el en ese viaje.

Desde ese día, mis conversaciones con el se limitaron a lo estrictamente necesario para el trabajo y cuando finalmente se marchó, por suerte lo he perdido de mi vida totalmente. Desconozco si seguirá siendo igual que cuando lo conocí, pero me parece que ha cambiado muy muy poco por referencias externas que tengo de otros compañeros que siguen manteniendo relación con él. Y bueno, allá él. Mientras no tenga que padecerlo, como si se tira por un puente a ver si rebota, que queréis que os diga.

5 thoughts on “Mi primera experiencia en un puticlub”

  1. No te creas, Closto, en este caso no fue ninguna decepción porque ya imaginaba yo que tipo de persona era. Esto solo sirvió para confirmarlo y saber exactamente de hasta que nivel llegaba el tipo de personaje que tenía enfrente 🙂

    Un saludo.

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