Cuatro encuentros

Mi memoria es limitada. Olvido cientos de cosas, difícilmente recuerdo lo que comí ayer y me encuentro cada vez más a menudo en una habitación a la que he ido para algo y al llegar soy incapaz de recordar para qué. Y aún así, hay cosas de hace años que recuerdas mejor que si hubieran sido ayer. Me pasa con algunos encuentros.

No con muchos, no suelo recordar cuándo me presentan a tal o cual persona. Puedo recordar vagamente la época, qué era de mi vida, en qué circunstancias nos conocimos… detalles vagos. Sin embargo hay primeros encuentros que tengo grabados a fuego. Algunos por deseados, otros porque algo le dijo a mi cerebro que los almacenase porque eran el comienzo de algo único. Otro por ambos motivos. La cuestión es que hoy quiero compartir con vosotros cuatro de ellos. Porque sí. Porque hoy es hoy y porque hoy es un día doblemente especial. Permitidme que me guarde nombres para mí, aunque algunos tal vez los reconozcáis de otros post.

Al lío.

Uno

Era por la tarde, debía ser primavera avanzada porque aún siendo cerca de las 8 de la tarde había muy buena luz. Estaba avisado de que ibas a estar. Te abrían la puerta para que usaras mi ordenador para hacer unos trabajos pero no me habían dicho nada más de ti.

Abrí la puerta y allí estabas al fondo de la larga mesa que había pegada a la pared del salón. La tele en medio y el ordenador al fondo. Tú sentada con un lápiz recogiéndote el pelo. Las grandes gafas y cara de concentración que pasó a cara de «corte» cuando saludé desde la puerta. Un hola tímido, una sonrisa tímida, dos besos de rigor y palabras de disculpa por estar invadiendo mi intimidad.

Te ofrecí algo de beber y me dijiste que no, que te esperaban y que tenías que terminar aquello urgente. Te ofrecí ayuda con el ordenador y eso sí que lo aceptaste encantada. Recuerdo que tu cara cambió totalmente, me cediste el sitio y en pocos minutos acabamos. Ahí si me aceptaste la cerveza, que se alargó un poco más de la cuenta, y te fuiste ya de noche.

No sé cuanto tiempo pasó hasta el segundo encuentro, qué lo propició, si me buscaste, te busqué o nos encontramos, pero aquel primer encuentro fue el comienzo de algo muy grande.

Dos

Abril. Jueves santo para ser exacto. Llevaba mucho tiempo con ganas de conocerte. La cosa se había ido alargando por uno u otro motivo pero por fin las circunstancias fueron propicias. Yo tenía descanso al ser jueves santo pero tu trabajabas. Era la situación ideal para poder ir a tu encuentro en el trabajo así que dicho y hecho. Quedamos sin tener claro qué pasaría, pero ahí que fui sin importarme si serían 5 minutos o 5 horas.

Me llevaron a tu oficina y allí me tocó esperarte. Entendí que querías territorio favorable por lo que pudiera pasar. Llegaste rodeada de la gente que te asesoraba, leyendo últimas notas, escuchando últimos comentarios, retoques de última hora… y me viste.

La mirada seria de concentración laboral y el gesto de atención que tenías desapareció y toda tu cara se iluminó con una enorme sonrisa. No sólo se dibujó en la boca. Pómulos, ojos, gesto general de tu cuerpo… todo cambió al reconocerme. Te acercaste a mí, que alta te vi sobre aquellos inmensos tacones, te presentaste como si yo necesitara que me dijeras tu nombre y me diste dos besos.

Que como estaba, que perdón por el lío que tenías, que llegabas tarde al trabajo pero que luego nos veíamos cuando tuvieras un descanso, que te esperara allí mientras terminabas… Me quedé viéndote trabajar absolutamente maravillado por tu control de la situación. Todo lo dominabas, todo se movía según una coreografía perfecta. Nos vimos en un descanso de apenas 5 minutos que te dieron y me dijiste que tenías comida de trabajo. No pudo haber mucho más que aquella pequeña charla y otra cuando saliste antes de irte a comer. Me bastaron.

Vinieron unos cuantos encuentros más. Cervezas, cafés, tarta de zanahoria, pero sin duda será ese primer encuentro el que nunca olvidaré.

Tres

Tanto tiempo queriendo verte y por fin iba a suceder. Estaba allí en aquel hotel recibiendo tus guasaps con tus actualizaciones de estado. Que si tengo lío, que si me han retrasado, que si me voy vistiendo, que si voy a llevar esto y aquello. Finalmente concretamos hora.

Era la primera vez que nos íbamos a ver y mi corazón latía a mil. Me faltaba a veces el aire. Bajé como 10 minutos antes a la puerta del hotel donde habíamos quedado, cargado de regalos, como un buen cateto a babor que lleva las viandas del pueblo a la gran ciudad. El tiempo no pasaba y por fin suena un claxon y un coche para a unos metros de mí. Te veo salir y venir corriendo, todo lo rápido que te dejaban aquellos tacones con pinchos, hacia mí. Nos fundimos en un abrazo y mi corazón vuelve a su sitio.

Eras un torbellino, llegabas acelerada. Habías quedado con tal y con cual, vamos a tal sitio, de ahí a tal otro… Hablas rápido, se te ve que estás a tope, siempre a tope, siempre sin parar. Y sin embargo me relajas. Me relaja ver que todo es así de sencillo, fácil, natural. Que eres como he visto, que eres quien he ido conociendo.

Recuerdo tus gestos, como conducías intrépida entre el tráfico, como eras de resuelta, tu voz sin pasar por el teléfono… Fue el primero de unos cuantos encuentros y hoy es un día especial porque de nuevo nos volvemos a ver. Y ya sé que, como aquel primer día, todo será genial. Hoy no hay nervios, sólo ganas de volverte a ver.

Cuatro

No iba en mi mejor momento. De hecho era posiblemente una de las peores épocas de mi vida. Llevaba ya tiempo queriendo ese encuentro pero no había manera, te resistías, no querías quedar conmigo. Creo que nunca te he preguntado porqué ese día dijiste que sí. Es posible que por animarme porque sabías que lo necesitaba pero el caso es que si nunca te lo he preguntado será que me da igual, que lo importante es que pasó.

Me preocupaba mucho mi perfume, recuerdo exactamente qué combinación de desodorante y perfume llevaba. Hoy hubiera escogido otros pero en aquel momento funcionaron bien. Recuerdo los nervios. No quería parecer ansioso pero lo estaba. No quería parecer nervioso pero lo estaba y mucho. Allí estaba como 15 minutos antes en el punto de encuentro. Apareciste por el pasaje  de Chinitas, hablando por teléfono.

Tus pasos firmes con tus botitas, tu andar resuelto. Me viste y te acercaste. Dos besos a través del teléfono que recuperamos cuando terminaste la conversación. Esos dos besos que también me ponían nervioso, habíamos hablado sobre el tema de los dos besos de saludo alguna vez e intenté que fueran de los correctos.

El lugar donde quedamos estaba cerrado. Tardaste dos segundo en agarrarme del brazo y arrastrarme hacia un nuevo sitio. Resuelta, directa, sonriente… Te metiste en mi espacio vital sin darme tiempo a que me sintiera incómodo y nunca has vuelto a salir de es, ni quiero que lo hagas.

La luz, los pasos, tu olor, tu determinación… No podía creer que hacía unas horas hubiera estado en aquel pozo.

Y hoy es un día aún más especial porque hoy hace 4 años de aquel día y aunque hoy no invadirás mi espacio vital físicamente sabes que siempre estás en él. Tanto o más que aquel día cuando me llevaste del brazo al Puro Pescaíto.

Epílogo

Cada encuentro llevó a un camino, a conocer a personas especiales que, de una u otra manera, han marcado o marcan mi vida. Algo me decía que no debía olvidarlos y hoy no necesito ni cerrar los ojos para recordarlos. Primeros encuentros de muchos más.

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