Seamos sinceros

¿No os da la impresión de que los demás saben venderse muy bien y vosotros no tanto, sois más sinceros? No sé, a mi de verdad que a veces me da esa impresión cuando oyes a los demás hablar aunque claro, algunos de vosotros seguramente seáis de esos que se venden, vaya usted a saber. Y os preguntaréis a que viene esto ahora y porque pongo una foto de una RaspberryPi ilustrando el post. Os cuento. Aviso a navegantes: algo de tecnología hay en el post. Bastante

Acabo de escribir una parrafada técnica que he decidido borrar porque si no vais a salir corriendo en nada u os vais a quedar dormidos. En resumen: hace unos meses me entró el gusanillo de poder controlar las luces de casa a través de móvil. Decirle a Siri “Apaga el pasillo”, “Enciende la lámpara de lectura”, “Vamos a la cama”… y así. Genial y me encanta. Todo funciona bien. Para que todo funcionara bien y fuera un poco más económico decidí comprar una Raspeberry Pi, un micro-ordenador del que llevo años escuchando maravillas y que me venía genial para esto así que me lancé a la aventura.

Hablamos de una placa minúscula. Con la caja es más o menos del tamaño de un paquete de tabaco. Con puertos HDMI, RJ45, USB, Wifi, Bluetooth… todo eso en un espacio ridículo. Hay varias opciones pero yo elegí instalar el Sistema Operativo Raspbian después de varias pruebas. Es un Linux recortado y, según dicen por ahí se podría trabajar con él y prescindir de Windows. Trae su pequeña versión de un sustituto de Office, su navegador web, etc. Todo pinta maravilloso en un “ordenador” que vale unos 35 €. Packs con la tarjeta de memoria que necesita, una caja donde instalarlo y el alimentador por entre 50 y 60 euros.

La gente habla maravillas. Que si tienen sus centros multimedia para ver películas con ella sin tener ni que bajarlas de internet, que si controlan la casa, que si para crear VPN, que si como servidor de datos doméstico con un disco duro externo, que si…. mil cosas. Maravillas que realiza un producto tan ridículo y de las que la gente alardea por internet.  Es cierto que hacerlas, las hace. Eso si, de aquella manera.

Por un lado requiere un esfuerzo muy importante. Aquí no hay nada de Plug & Play, no hay asistentes que lo hagan todo. Si, os contarán que todo es muy sencillo, con asistentes, entorno gráfico con ratón y tal pero creedme: es mentira. Hay que pelear mucho, tocar ficheros de configuración, modificar parámetros que os sonarán a chino, consultar mucho Google, pelear con lineas de comando interminables… Para eso es parte del encanto. Como hablaba ayer con una amiga por guasap, a mi eso me emociona como desafío informático. Lo disfruto horrores y se me van las horas. Ya os conté lo que me gusta una buena linea de comandos pero hay que ser consciente de a lo que nos enfrentamos y no sé porque hay gente que se empeña en querer vender que es super sencillo todo cuando no lo es.

Por otro lado tenemos la fiabilidad. A ver, seamos serios: un micro-ordenador de 35 euros no puede dar ni de lejos ni las prestaciones ni la fiabilidad de un ordenador normal. Mucho menos de un servidor completo. Tenerlo en casa como yo lo he tenido, tras mucha pelea, para poner en marcha algo de “domótica”, pues bien. Tira. Posiblemente con mucho pelea (reconozco que yo me acabé cansando) podréis poner en marcha un emulador maravilloso donde jugar a juegos de la NES, N64, Commodore, Amiga, Sega Saturn y mil y una máquinas retro. Seguro que se puede y una vez configurado tira, pero no dudéis que cualquier día, si la tocáis para algo, dejará de funcionar. Es así, no le deis más vueltas. Si la queréis configurar para ver películas, pues seguro que si os gusta cacharrear y tenéis nociones de Linux la echáis a andar. Pero no confiéis a ella algo serio. O al menos esa es mi impresión.

ÚItimamente, con el tema del dron, Dropbox se me queda pequeño para compartir archivos. Hablando con un buen amigo sobre las diversas opciones para comprar espacio (Dropbox, OneDrive, Google Drive…) me recordó la Raspberry, que confieso que ya tenía casi olvidada funcionando de manera autónoma para la casa, y que ahí podía montar mi propia nube: un programa llamado OwnCloud. Dicho y hecho. San Google, un dock, un disco de 2TB y a montar mi nube privada. En unas horas funcionando. Ya tenía mucho ganado porque había montado ese software antes. Cacharrear, googlear, surgen problemas de los que me gustan y de los que no hasta que finalmente la otra noche la Raspberry dijo basta. La vuelvo a recuperar tras una buena sesión de RCP informática detectando los fallos. Pero no, OwnCloud no funciona y si algún día funcionará, que supongo que sí, os aseguro que no voy a ser capaz de confiar ahí información importante.

Leeréis que la gente dice que si, que se hace, que funciona, que es mala suerte, que todo es ponerse. Y yo os diré que sí, que funciona, que se hace, que todo es ponerse… pero no os fiéis. Está bien para jugar, muy bien, pero os aseguro que no conozco de ninguna empresa que tenga sus datos vitales guardados en una Raspberry Pi.

Y eso me lleva a la reflexión inicial: ¿Porqué la gente no cuenta las cosas así? Para cuatro cosas sin importancia, pues muy bien. Seamos sinceros: hablando con 3 personas diferentes que la tienen, una de ellas una que me dio bastante la tabarra para que me comprará uno, al fina cuando han sido sinceros me han confesado que la tienen guardada en un cajón porque no consiguieron echarla a andar. Y os aseguro que una de ellas es uno de los mejores técnicos de sistemas que conozco.

Al final, seamos sinceros, requiere mucho tiempo y esfuerzo par algo que sabes que no es fiable y que cualquier día te deja tirado

En fin, reflexiones.

2 thoughts on “Seamos sinceros”

  1. No he trasteado con ella, pero de 5 amigos/conocidos que la tienen, 4 la tienen en un cajón y el otro solamente la utiliza como emulador, con lo cual, ni me planteé comprarla.

    1. Creo que hay más Pi’s en los cajones que en uso. Si es cierto que me divierto trasteando pero solo para jugar. Al final contrataré un servicio de pago en la nube para mis archivos

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