El placer de una linea de comando

viHubo un tiempo, que se me antoja no muy lejano pero que sé que lo es, en que los ratones sólo eran roedores o dibujos animados. En que no había ventanas más que las que te permitían echar un vistazo al exterior. En el que las pantallas del ordenador eran negras o verdes, con letras grandes y parpadeantes, en las que te dejabas los ojos.  Hubo un tiempo en el que no podías gobernar el interior de “la bestia” deslizando tus dedos por una pantalla táctil. Un tiempo en que el ordenador sólo obedecía a una buena linea de comando.

Eran tiempos dorados para los informáticos. Tiempos donde tenías que escribir cosas como ls -l | more para poder ver lo que contenía un directorio. Si, en aquellos tiempos se llamaban directorios, nada de carpetas, eso es cosa de los modernos interfaces gráficos. Un tiempo donde no arrastrabas los documentos a la papelera de reciclaje sino que escribías rm /usr/prueba.log. Un tiempo donde apagar el sistema no era darle a un botón sino escribir en una linea de comando shutdown -H 0 para que saliera una ristra de letras y el sistema quedara apagado.

Escribir una buena linea de comando y pulsar la tecla ENTER es lo más parecido a sentirte el puto amo. Ser capaz de concatenar varias instrucciones para localizar archivos de más de una semana en la carpeta temporal del sistema, que se borren y que además nos deje un archivo indicando cuantos archivos ha borrado es pura magia. La sensación de pulsar la tecla ENTER y que empiece el baile no es comparable a hacer doble click en un ratón.

El otro día volví a usar el vi. Los linuxeros de pro sabéis a lo que me refiero. Un editor de texto, solamente texto, donde no hay ratón ni tipos de letras ni nada. Para editar archivos TXT. Su potencia para un programador es infinita. Hay mil funciones que se pueden hacer pero no hay ni un menú que te las diga. Era todo cuestión de memoria pero esos comandos están grabados a fuego en mi memoria. Claro que ahora no los recuerdo todos pero ahí siguen.

Necesitaba borrar una linea de un archivo con ese editor. No vale coger el ratón, marcarla y darle a suprimir, no señor. No hay ratón. Me quedé mirando la pantalla y de repente, no tardé ni dos segundos, la bestia despertó en mi cabeza y me dijo “pulsa dos veces la tecla d”. dd. Y la linea desapareció ante mis ojos. Y yo casi lloré de emoción. Teclee :wq para grabar y salir del fichero. Y el fichero se grabó y yo salí de nuevo al sistema. Y todo funcionó. Mi bestia informática estaba despertando. Y me encantó volver a saludarla.

Si. Soy informático. Si, me encanta esta frikada. Si, por desgracia no puedo ejercer, sólo de vez en cuando. Pero en casa voy a montar un Linux. Sólo para jugar. Para divertirme, para volver a despertar a la bestia. Porque la bestia adora una buena linea de comando y he decidido que quiero que la bestia vuelva.

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