Extraños en un tren

TrenHa sido una escapada a Madrid extraña esta. Extraña pero muy buena. Tremendamente alegre por su comienzo el jueves en la presentación del libro de Marta, de la que os hablé el viernes pero de la que os aseguro que no podré nunca expresar lo especial que fue el momento. Gracias de nuevo a Marta por la invitación, no me cansaré de darlas.

Decidí tomarme el viernes para mi. Reflexionar, pasear, pensar, desconectar… Pido desde aquí disculpas a la gente de Madrid con la que suelo quedar y a otros twiteros a los que no avisé de mi visita. Entre que fue un tanto exprés (saqué los billetes el miércoles) y que ando un tanto reflexivo preferí no avisar a nadie. Bueno, sólo a una persona a la que hacía ya demasiado tiempo que no veía y a la que adoro, aunque no se lo diga. Gracias por esas cañas, Ana. Por la charla, por tus buenas y sabias palabras sobre nuestra común amiga (me ha encantado conocerla algo más gracias a ti) y por tus consejos hacia como afrontar mi futuro. No sabes cuanto me has ayudado.

Y ha estado rodeado de momentos especiales inesperados, como ese concierto de jazz del que os hablé anoche, ese extraño momento con esa «pareja» y ha terminado con una experiencia totalmente nueva para mi como ha sido compartir un viaje en AVE con una total desconocida que ha dejado de serlos tras dos horas y media de conversación. Por primera vez me he arrepentido de no coger ese AVE «lento» que el viaje dura casi 3 horas.

No soy especialmente sociable ni abierto con los desconocidos. Con la pareja del anterior post no crucé palabra ni con la señora que tenía a mi lado. Normalmente me pongo mis auriculares y escucho música, trabajo con el portátil o veo alguna película. No sé que ha pasado hoy pero ha sido un encuentro muy especial. Desde el minuto cero, mucho antes de que el tren se pusiera en marcha, nos hemos puesto a hablar. Que si del AVE, del aire acondicionado, que si está siempre lleno, que de donde venía ella, de donde yo, sus viajes, su vida, la mía, lo que hacemos, lo que dejamos de hacer….

Y entre charla y charla, de solteros, de viajes, de proyectos, de «mochilas» que todos arrastramos, de amigos, de amigas y hasta de política han pasado dos horas y media en un suspiro. Esas personas alegres, que no temen contar su historia, que disfrutan escuchando y hablando, que proyecta energía positiva pese a todo lo que ha vivido, de las que se hacen querer desde el minuto cero.

Ha sido sin duda toda una experiencia. Por supuesto hemos intercambiado teléfonos. Bueno, me ha dado el suyo porque ella no podía apuntar el mío por problemas «técnicos», e intentaré que no sean solo esas dos horas y media lo que charlemos. Esta historia de extraños en un tren, que jamás había vivido, me ha gustado que se conviertan en realidad.

¿Recordáis este post? Cambiad el bar del hotel por un vagón de tren y ese es el tipo de momento mágico del que os hablaba.

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