Clientes

IMG_3927Ya lo he escrito en alguna ocasión antes pero hace mucho mucho tiempo y ahora hay muchos nuevos lectores. Y como no me apetece tirar de archivo y sobre todo tengo ganas de desahogarme, aquí va este post directo a la sección de Cabreos. Odio a los clientes. No a todos, tengo por suerte algunos clientes y clientas que son mas majos que las pesetas y algunas además a las que les tengo un cariño muy especial, pero no soporto a esos clientes que entran por la puerta o llaman por teléfono como si la empresa fuera suya.

Esos clientes que te llaman un viernes por la tarde justo 2 minutos antes de cerrar y te exigen que vayas a solucionarles el problema porque «Telecinco se corta de vez en cuando». Y tu amablemente les explicas que ya no hay técnicos, que estamos cerrando y que el lunes le llamaremos para darle cita. «¿Pero como que no venís ahora? ¿Y no hay guardia? A ver si se va a cortar esta noche cuando estén poniendo Sálvame.» Y le explicas con amabilidad que no hay guardía (te callas responderle que la televisión no es algo a vida o muerte como un hospital), que nuestros técnicos también tienen que descansar, que de todas formas lo está viendo… y te quedas con las ganas de decirle que alquile una peli, se vaya a pasear o que haga el amor con su marido. Pero eso sonaría borde y te lo callas.

Esos clientes que ven la puerta como la veis en la foto, que podéis apreciar que apenas cabe una cabeza, entran literalmente arrastrándose y preguntan «¿Estáis abiertos?» y te dan ganas de decirle «Claaaaaro, es que ponemos la puerta así para filtrar a los clientes y atender sólo a los valientes capaces de superar esa prueba». Y os garantizo que lo han hecho señoras mayores que tu te quedas pensando «p’aberse matao».

O esos que llegan a las 6 de la tarde a hacer un cambio de artículos, se quedan mirando en la puerta un cartel que pone «Cambios sólo de 10:00 a 13:00» y entran y dicen «Vengo a hacer un cambio». Te quedas con ganas de decirle «acabas de leer que en este horario no se hacen cambios, mendrugo con orejas, el cambio te lo voy a hacer de cara de un sopapo por tocarme las pelotas». Pero amablemente y a veces hasta con una sonrisa le dices «Los cambios son por la mañana, bla bla bla». «Ya, pero es que estáis abiertos y me lo tenéis que hacer». ¿Perdona? ¿TENGO que hacerte qué? Estás en mi casa, chiquitín y aquí con esos humos nada de nada. Y te tienes que poner a discutir con él, o ella, porque se le pone en sus santos cojones que tengo que hacer lo que quiera cuando quiera. Y no hijo no. Con bueno has topado.

Por no hablar de los que te mienten descaradamente. «No es que tu compañera me dijo que viniera y me lo cambiabais». Y en esto que aparece la compañera, que estaba justo al lado, diciendo «no caballero, no diga usted eso porque yo no se lo he dicho». Y tras ponerse blanco como el caballo blanco de Santiago por unos instantes, vuelve a las suyas. «No, bueno, pero tampoco me dijiste que por las tardes ….» – Compañera «Si caballero, se lo dije, por las mañanas de de 10:00 a 13:00». Pero allí sigue, esperando que le hagamos caso. Y antes al final cedía, pero cada día menos. Cada día me pongo en mis trece y, con toda la calma del mundo, continúo mi trabajo. Que esa es otra. Le has dicho que no, la compi se ha ido, yo estoy a mis tareas y el tipo se queda mirando a la nada como buscando argumentos, esperando que baje el espíritu santo o algo a hacerle el cambio. Y pueden pasar interminables segundos, incluso minutos, hasta que finalmente te dice «Entonces ¿no me lo vas a cambiar?». Y amablemente le vuelves a responder que no, que mañana de 10:00 a 13:00.

Y como estas podría contar para escribir 20 post. O 200. Porque ese tipo de clientes me saca de mis casillas y, por desgracia, son tremendamente habituales. No hay día que no suceda algo de eso. Y no lo entiendo. Igual soy demasiado «empático» y siempre me pongo en el lugar del que está al otro lado del mostrador. Nunca entro en un negocio que veo que están cerrando, si tienen horarios para ciertos servicios los respeto… Un comercio está para servirme, pero no me considero quién para imponer sus normas. Un negocio es como una casa y ahí quien manda es quien vive. Pero parece que esa actitud no se lleva demasiado por lo que vivo cada día.

PD: Todos los casos aquí contados son total y absolutamente verídicos.

4 thoughts on “Clientes”

  1. Uffff. Toda la razon. Imaginate en una farmacia…
    He tenido hasta intervencion de los GOEs de la policia local,por no dispensar un trankimazin sin receta. Que no lo entendia. Que es su pastilla…y empezar a aporrear el crista… Llamar el a la poli, y liarse a ostias con la poli porque me dio la razon…

    La gente en este pais no sirve para servir, valga la redundancia. Y la prueba la tenemos en la hosteleria. Muy malos profesionales. Mucho señorito/a es lo que hay.

    1. No sirve para servir pero tampoco para pedir, que una cosa también lleva a la otra. A mi de buenas me llevan donde quieran, pero con chulerías no paso ni media.

      Un saludo!!

  2. Totalmente de acuerdo, pero piensa que «el cliente siempre tiene la razón» y con los tiempos que corren o les atiendes o un cliente menos y eso es una cosa que como estamos no nos podemos permitir.
    Vuelven los tiempos de hacer la pelota para mendigar un cliente o se van a la competencia que viene apretando fuerte.
    Un saludo Dani

    1. Hasta cierto punto. Hay que mantener las formas y hay que ganarse un respeto. Un cliente «porculero» muchas veces es un cliente que te va a generar más problemas, trabajo y costes que el dinero que pueda reportarte. Con los clientes, como con todo en la vida, hay que saber decir que no cuando hay que hacerlo

      Un abrazo!!

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