Del embarazo de Inés Arrimadas

Bueno, sobre el embarazo en sí de la señora Inés Arrimadas tengo poco que decir, como es obvio. Sólo, ya que hablo de ello en este post, felicitarla por una maternidad que se intuye deseada en sus palabras. Que todo le vaya bien y que sean todos muy felices en esta nueva etapa.

Una vez dicho esto, que como ya he comentado poco comentario más hay que hacer, reflexiono un poco sobre la maldad que hay en el ser humano. No me voy a explayar, no voy a citar ni voy a poner comentarios que le han dedicado algunas «personas» por twitter. No, me niego a citarlos porque me parece deplorable que haya gentuza capaz de hacer ese comentario. Y ojo, me da igual que sea Arrimadas, Montero, Maestre, Lastra, Alvares de Toledo, Monasterio… nadie merece ese tipo de comentarios.

Sé, por supuesto, que no hay que hacerles caso. Son gente frustrada, sin corazón, sin sentimientos. Gente que se aprovecha del anonimato que brindan las redes sociales para dar rienda suelta a ese tipo de barbaridades. Pero me preocupa que quizás no son descerebrados, quizás es gente normal y corriente.

¿Y si esa ira está en más personas de las que creemos? Igual tu vecino que te sonríe cada mañana en el ascensor. Igual tu compañera de trabajo que te invita a un café de la máquina de vez en cuando. Puede que los padres de ese compañero de colegio de tu hijo, en los que confías para dejárselo alguna que otra vez para poder cenar tranquilamente con tu pareja en un buen restaurante.

Es lo que tiene el anonimato. La gente disfruta creando cuentas B, C, D… dando rienda a eso que lleva dentro y que contiene para ser «social». ¿Cuánta gente habrá así? Me gustaría pensar que muy pocas pero algo me dice que me equivoco, que hay mucho más odio reprimido del que a veces creemos.

Nadie se merece esas muestras de odio y menos simplemente por tener una ideología política concreta.

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