MVD: ¿Aplicaciones o servicios?

En la búsqueda de la salud que estoy realizando últimamente hace unas semanas me dio por buscar una aplicación de relajación, tipo la que tiene el Apple Watch que durante un minuto te hace respirar profundamente y relajarte, no sé si la conocéis, y me encontré con que cada día más el modelo de aplicaciones que pagabas una vez y listo ha desaparecido.

Hoy en día todo lo vuelcan al mundo de los «servicios», cosa que está muy bien para algunas aplicaciones en las que tiene todo el sentido, pero lo cierto es que, como en todo, es fácil caer en el abuso y en este mundo del Mindfulness, que es donde me derivan todas las búsquedas de aplicaciones de relajación, parece que asumen que si te preocupas por eso es que tienes dinerito para gastar.

Pero vamos por partes.

El negocio de las Aplicaciones Móviles

Como siempre, me centro en el mundo de las aplicaciones móviles, apps para abreviar, de iOS. Yo, que tengo IPhone desde que llegó a España y he visto la App Store desde sus comienzos, he visto cómo ha evolucionado el tema.

En el principio de los tiempos, hace ya más de 10 años, teníamos básicamente 3 tipos de aplicaciones. Las gratuitas, las de pago grande y el inmenso mundo de las miniaplicaciones de 0,69 €, que luego pasaron a 0,99 €. Eran distinciones sencillas. Las aplicaciones profesionales costaban un cierto dinero. No había muchas pero algunas costaban una pasta. No tenían mucho sentido aplicaciones profesionales porque los dispositivos no daban para mucho, pero había calendarios, agendas, herramientas de productividad… que sí merecían la pena y costaban un dinero.

Luego había miles de aplicaciones gratuitas. La mayoría eran el complemento a aplicaciones más grandes, como Drobpox, Gmail, Youtube… que hacían su dinero por otras vías y necesitaban estar presentes ahí para aumentar su pastel anunciando que disponían de una app. Otras eran de empresas que en vez de una web decían «tengo una app», que no era más que un acceso a su web camuflado.

Dentro de estas gratuitas, como de algo hay que vivir, estaban aquellas apps, y por supuesto cuando digo app me refiero también a juegos, que se dedicaban a meternos anuncios y/o incitarnos a llamar a amigos para extenderse y aumentar su base de datos con la que vender publicidad. Era comprensible y llevadero, en general.

Eran tiempos verdes donde cabía mucha picaresca y donde todo el mundo parecía tener que estar ahí. Tiempos donde encontrabas joyas por 0,69 € o gratis por aguantar algún banner de publicidad. Tiempos dorados pero inexpertos.

La gallina de los huevos de oro se fue secando

Aquel boom convirtió la App Store en un vasto océano de aplicaciones de todas formas y colores. Y por desgracia miles de ellas repetidas con pequeñas variaciones. Si de repente un tal Flappy Bird sonaba en la tele y tenía cierto nombre, aparecía el Flapy Bird, los Flappy Birds, el Flappy Frog y todo tipo de clones más o menos descarados.

Para colmo antes lanzabas una App y era relativamente fácil que la gente llegara a ella. Ahora, con miles de apps surgiendo cada día, es dificilísimo. Un golpe de suerte o tener mucho dinero para poder realizar marketing agresivo y que la gente la conozca. La cosa se complica y llegar a amortizar una inversión con pequeños pagos de 0,99 € se hace difícil. Solo quedaba la opción de la publicidad y por ese camino han empezado a tirar, especialmente en los videojuegos gratuitos. Publicidad que en muchos casos los hace injugables. 30 segundos de publicidad cada minuto o dos minutos de juego los hacen insufribles.

Por último llegamos a las microtransacciones. De nuevo especialmente en los juegos este sistema parece funcionar, aunque yo nunca haya caído. Pagar si te quedas sin vidas para tener más sin tener que esperar que se regeneren. Pagar por tener potenciadores o ayudas que te faciliten pasar esa pantalla que se te atasca. Unos eurillos por tener ese traje exclusivo o ese arma poderosa de tu personaje favorito. Esa opción, bien ejecutada con un buen equilibrio entre poder conseguirlo jugando o pagar, puede ser la más razonable.

¿Y lo que no son juegos?

Estas opciones de publicidad y micropagos parecen funcionar en los juegos pero los desarrolladores de aplicaciones no parecen confiar mucho en ellas y han optado por la vía de la suscripción: convertir sus aplicaciones en un servicio por el que debes pagar mensualmente. Y no me parece bien.

Volvemos al principio: una aplicación para respirar. La aplicación Relax del Apple Watch es más simple que el mecanismo de una patata. Una «estrella» que se expande y se contrae. Debes acompasar tu respiración con ella y relajarte, dejar la mente en blanco, tomar ese minuto para ti. Mindfulness lo llaman ahora.

Cuando me he puesto a buscar algo similar fuera del reloj, me está costando horrores encontrar una app para eso que no me pida una pasta por usarla. Quiero sólo eso pero ya me obligan a tener lecciones de expertos en relajación, cursos, historias raras que prometen que se actualizan todos los meses… y por las que debo pagar una cuota mensual.

Una de las más recomendadas es Calm. Tiene sesiones de relajación centradas en diferentes aspectos, ayuda para dormir, música relajante, una nueva relajación diaria… y un precio de 60 € al año. ¿Tiene sentido? Para mi, francamente, no. Además no se trata de algo opcional en plan «si quieres más paga y si no te quedas con lo básico». Hay que pasar por caja sí o sí, solo tienes un periodo de prueba.

Bueno, también podéis comprarlo de por vida, por el módico precio de 400 €. Demencia. 400 € por una aplicación con unos videos para relajarte.

La vía de los servicios

Todo tira hacía ahí, a no tener nada. Lo comentaba en este post. Coches, casas, películas, música, videojuegos… y ahora aplicaciones. Convertirlo todo en un servicio tiene sentido para algunas cosas, pero no para todas. Pretender que un programa para «respirar» sea un servicio no lo veo razonable

A ver que ya sé que ofrece bastante más, que ya sé que no es una bola que crece, pero es que tampoco necesito más, tampoco son necesarios esos adornos. Y por supuesto que pagaría un euro por esa aplicación, 0,99 € para ser exactos, pero no estoy dispuesto a pagar 60 € al año.

Hay cosas que son susceptibles de ser servicio, o incluso hay cosas que admiten las dos opciones. Paga ahora y quédate con lo que te doy o paga todos los meses y ve aumentando tu librería. Eso si es que no van poniendo unas y quitando otras, quién sabe. Pero no me obligues a pagar mensualmente porque siento que me estás robando. Y conmigo que no cuenten para eso.

4 thoughts on “MVD: ¿Aplicaciones o servicios?”

  1. Pues en cosas como Netflix, DAZN y alguna mas lo puedo entenderde sobra, pero en otras lo veo un poco «estafa» Dani, sinceramente, no pago por eso ni de broma…

      1. Del mismo modo que no comprendo como con un juego de consola te saquen 65 euros y luego te frían a DLC.s, si lo pusieran a 30 euros, aun lo entendería…

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