Mi MacBook Air. Mi vida digital

Los que me seguís por Instagram ya sabéis que tengo un nuevo MacBook Air. Incluso ya estuvo por aquí en uno de los últimos post, donde os contaba que últimamente he estado sufriendo algo de ansiedad y que tenía la sensación de que no llego a todo. La cuestión es que tener este nuevo portátil ha implicado la jubilación del antiguo y os confieso que ha sido una jubilación con mucha pena.

Yo, que no hace mucho me declaré seguidor del método KonMari, incluso antes de que existiera el dichoso método, y siempre he sido partidario de no arrastrar muchas cosas del pasado, me he sentido raro jubilando mi viejo MacBook Air. Le tenía mucho cariño.

Fetichismo

Soy muy fetichista en general para los objetos. Tengo una caja grande de recuerdos donde guardo corchos de botellas de momentos especiales, flores de papel, pastillas de jabón del primer hotel donde estuve de viaje de trabajo hará ya casi 30 años, algún mechero, alguna foto especial, bolígrafos… mil cosas sin sentido pero con mucho sentimiento para mi. También conservo un horrible cuadro de mi padre, de los primeros si no el primero que se le recuerda, y sigue colgado en casa.

Aún así, todo cabe en esa caja azul, o casi todo. Y lo que no guardo por recuerdo sentimental es ningún ordenador. He cambiado decenas de veces de ordenador en mi vida. Ordenadores completos o piezas. Teclados, memorias, monitores, ratones… y nunca he sentido apego por ninguno. Ni siquiera conservo mi primer Commodore 64 (a veces me arrepiento) ni consolas antiguas. A medida que la tecnología avanza voy jubilando los antiguos y subiéndome al nuevo carro. Hasta el miércoles.

Buscando sustituto

De finales de 2010 era mi viejo MacBook Air, más de 8 años conmigo. Fue mi segundo portátil Apple después de un primer MacBook Pro que sigue danzando por España en la mochila de mi sobrina. Mi Air estaba mayor ya. Le pesaban un poco las actualizaciones y a veces le costaba empezar a cargar, sabía que le tocaba la jubilación.

Probé hace unos meses el flamante iPad pro de Apple. Lo tuve apenas una semana y en seguida me di cuenta de que no estaba a la altura. Toda la tecnología del mundo en un espacio reducido. Pantalla brutal, lápiz maravilloso… pero no era para mí. No me sentía cómodo con él. No era mi pequeño MacBook Air.

Entiendo el uso que se le debe dar, entiendo que es una pieza brutal de tecnología, entiendo que vale lo que cuesta, pero cada uno tiene sus necesidades y este aparato no cubría las mías, así de sencillo. Lo devolví, ventajas de las leyes de consumo, totalmente nuevo con apenas una semana de uso. Continuaba mi búsqueda.

Creo que en el fondo me resistía a jubilarlo. Me seguía sirviendo y le tenía cariño, pero K-Tuin me engatusó con una de esas ofertas que no puedes resistir. El nuevo MacBook Air, recién sacado del horno de Apple, con un interesante descuento por tiempo limitado y una financiación estupenda. No me pude resistir y en 24 horas llegó mi nuevo MacBook Air.

Mi nuevo MacBook Air

Un poco más oscuro, el trackpad algo  más grande y apreciablemente más potente, mi nuevo portátil era como el antiguo. Hay poco margen de mejora en un diseño tan fantástico como el del MacBook Air. Ligero, fino, manejable… lo han copiado casi todas las marcas. Desde que se lo entregaron al Tito Steve en un sobre y la gente gritó y aplaudió asombrada, nada ha podido mejorarse en ese diseño, solo actualizar su interior.

Teclado algo mejor sobre el papel, mejor sonido, mejor autonomía, mejor pantalla, pero la sensación al ponerme a escribir es la de estar con mi viejo amigo, y es justo lo que quería. Por supuesto estoy contento con el cambio, sobre todo porque me siento como en casa y es lo que quería. Es como haber cambiado las tuberías, electricidad y cuatro muebles de tu casa de toda la vida. Te sientes en casa, pero más a gusto. Esa es mi sensación.

Mi viejo MacBook Air

Por qué le tengo tanto cariño es difícil de explicar y dudo que lo comprendáis, pero voy a ello. Como hablé hace ya unos años de mi MacBook Pro en este post, esa es la sensación que tenía con mi pequeño Air. La sensación de que era infalible. La sensación de sacarlo y poder trabajar con él sin problemas. Donde fuera, para lo que fuera.

La sensación de que nunca me faltaría batería, de que era fiable, sentirme a gusto. Saber que podía dar lo que me pidieran. Ya fuera en una pequeña reparación en alguna casa, una presentación de la empresa, trabajar en vacaciones, volcar mis datos, tomar notas en una reunión… Bastaba llevarlo y me sentía mucho más seguro.

Las sensaciones encontradas de la gente cuando lo veía y me veía trabajar con él. Esa mezcla de «vaya mierda, un mac, aquí hay un pijo» mezclada con envidia. Una sensación que al principio me gustaba pero que en nada me empezó a dar igual. Lo importante es cómo me hacía sentir a mí. Aprendí a no dar explicaciones, a responder sin dar mucho pie a las preguntas de la gente. Aprendí a disfrutarlo.

El Comité

Una de las cosas más importantes que me han hecho sentir pena ha sido que de las teclas de este portátil ha surgido el 80% de El Comité. Ese libro que escribí hace ya unos años surgió en gran medida en este Starbucks desde el que escribo este post con mi nuevo portátil, pero en mi viejo MacBook Air.

Que sí, que no hace falta que me digáis que surgió de mi cabeza, pero esos paseos a esta cafetería con mi maletín y las ideas hirviendo en la cabeza deseando salir son recuerdos imborrables. Siempre pensé que debí hacer alguna presentación aquí. De hecho, algo colgué en Instagram.

Fueron muchos paseos a muchos sitios. Muchos viajes, muchos momentos compartidos, muchas intimidades disfrutadas con él. Me ha dado de verdad pena soltarlo pero ya le tocaba. Ha viajado a Barcelona con un compañero de trabajo y espero que a él le haga tan feliz como me ha hecho a mí. Creo además que le exigirá menos que yo así que seguramente tendrá una buena jubilación.

8 años tiene y se merece un buen descanso final. Ojalá su heredero me traiga tantos y tan buenos momentos como mi querido y viejo MacBook Air.

PD: Mi vida digital, en el fondo, es esto. Tecnología que me hace disfrutar y que, aunque normalmente no expreso en estos términos, me emociona.

2 thoughts on “Mi MacBook Air. Mi vida digital”

  1. Mira, algo que si que sigo teniendo yo en casa aun, mi Atari 2600, mi NES, Mega Drive, Ps one, Xbox, 360 y la One, y de vez en cuando las desenpolvo y les saco unas partiditas, me encantan, aunque sin la tele de tubo, algunas pierden un huevo…

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