De clicks y condones

Puede parecer extraño unir clicks y condones pero todo tiene su explicación. Yo no sé vosotros pero yo soy muy defensor de los clicks mentales. Esos que te colocan, recolocan o descolocan ideas. Esos que casi oyes cuando se producen. ¿Sabéis de lo que hablo? Eso que llevas mil horas dando vueltas a algo y de repente, muchas veces sin venir a cuento, todo cobra sentido. O encontrarte un par de condones en un bolso  y que todo cobre un nuevo sentido. A mí me pasa mucho con los post. De hecho, este post es fruto de uno de esos clicks porque no sabía cómo enfocar lo que quería compartir con vosotros hasta que, click, todo ha encajado.

Quería contaros un recuerdo que me vino a la memoria sin saber porque hace unas semanas y de repente me he dado cuenta de que lo que quería contar es eso, un click. No sé si a vosotros os pasan esos clicks. Algunos muy sencillos como escribir este post, otros como el click que os voy a contar, te recolocan la vida entera.

Mi click de hoy es sentimental, una ruptura. Recuerdo cuando rompí con la que yo llamo mi ex. La relación de pareja más larga que he tenido. O no. Eso, como diría Escarlata, ya lo pensaré mañana. La cuestión, que me disperso, es que nuestra ruptura fue larga y algo tediosa. Os confieso que a día de hoy soy incapaz de decir cuanto duró la relación. Fueron varios años pero los últimos meses fueron duros. Muchos enfrentamientos, broncas, discusiones, apatía,… No estábamos a gusto. Hubo infidelidades más o menos consentidas por ambas partes… no fue una forma bonita de terminar algo que sí que fue muy bonito.

Ella se marchó a México en busca de una vida que aquí no encontraba. Trabajo, estabilidad y supongo que una relación que la llenará como ya no nos llenaba la nuestra. Hubo unos mails largos y feos en la distancia que terminaron de destrozar todo. No nos dijimos adiós en la despedida de forma explícita pero iba implícito. Era, cuando menos, un tiempo de pausa en el que cada uno era libre.

En México no encontró esa nueva vida ni pareja, al menos estable, así que acabó volviendo unos meses más tarde tras no hacer Las Américas. Y nos volvimos a encontrar, por supuesto. Era amiga de mi hermana, por eso la conocí. Quería seguir viendo también a mi sobrina y no quería perder la amistad conmigo. Pues bueno, pues vale, pues me alegro.

Ni confirmo ni desmiento que aceptara aquello como una especie de “vamos a seguir viéndonos a ver si resurge la chispa”. No fue de manera consciente, dejémoslo ahí. Seguimos viéndonos. Recuerdo paseos por el parque. Recuerdo tardes en mi casa (por aquel entonces tenía casa propia pagando mi hipoteca y todo eso) los dos solos viendo alguna película. Recuerdo algún té compartido. Recuerdo muchas cosas y recuerdo el click.

Una feria de Málaga, la feria del centro. Calor a reventar. Parar en un portal en C/Calderería. Nos sentamos en el escalón buscando un descanso entre tanto sudor y paseo. Abrió el bolso para coger una botella de agua y ahí estaban: un par de condones. Click

Por supuesto que no teníamos nada. Por supuesto que no estábamos retomando nada. Tampoco yo estaba haciendo nada para forzar esa situación pero de alguna manera estábamos viéndonos más de la cuenta para mí. Eso no significaba nada, no éramos nada pero yo, sólo yo, no se me ocurre culpar a nadie, tenía otra cosa en mente aunque no fuera consciente de ello.

Esos condones, que no eran para usar conmigo, fueron mi click. Por supuesto que se estaba viendo con más gente. Por supuesto que tendría sexo con otras personas. Claro que sí, es lo normal y más sano del mundo. Ese día, ese duelo que no había acabado, terminó de golpe. Fue un shock necesario. Necesité esa dosis de realidad, esa bofetada, para reaccionar.

Así de necesarios son algunos clicks, como buenas bofetadas que te hacen recobrar el sentido. Algo tan sencillo como un par de condones en el bolso de tu ex te hacen recordar que es tu ex y que ese libro hay que cerrarlo ya. Siguió siendo amiga de mi hermana, más o menos. Nos cruzamos alguna vez por ahí sin hablarnos (recuerdo vernos en el ascensor de El Corte Inglés y recorrer los 6 pisos, con paradas incluidas, sin dirigirnos la palabra), pero a partir del click sólo nos hemos hablado una vez más: en el entierro de mi madre.

Ella, que tan enemiga fue de mi madre, como buena nuera, allí se presentó por mi hermana y por mí. Sobre todo, supongo, por mi hermana. Hacía seguro más de 15 años que no nos veíamos y fue un encuentro raro. Nos fuimos a la cafetería y hablamos como muy viejos amigos. Me contó algo de su vida en esos años y me resultaba todo demasiado extraño. Por un lado era conocer historias de alguien a quien conocía, no me costaba cogerle el hilo, pero me resultaba tan entraño todo, tan lejano. La situación desde luego ya era extraña pero aquel día mi click se confirmó: aquella página estaba cerrada.

Recuerdo las historias que me contaba, me interesaban, pero como una película que te gusta, con esa frialdad de no ser algo real.

Fue necesario ver esos condones para poder cerrar ese libro.

Sé que no sois mucho de comentar, pero si alguno tiene alguna historia de algún click, sería bonito leerla.

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