Domingo lluvioso por Málaga. Dicen que estamos en alerta amarilla según la AEMET y todo, lo cual debe significar que en vez de cuatro gotas van a caer cuatro más una, que tampoco es que mi ciudad se caracterice por un clima especialmente lluvioso. Aquí anda todo el mundo recogido en sus casas temiendo que en vez de agua caiga del cielo ácido sulfúrico que pueda destruirnos(¿Recordáis cuando estaba de moda hablar de la “lluvia ácida”? ¿Qué habrá sido de ella?). Siempre me acuerdo de eso que decían en los cómics de Asterix de que a lo único que temían los irreductibles galos es a que el cielo cayera sobre sus cabezas. En fin. Yo aquí en mi Starbucks viendo llover, escribiendo y reflexionando.

El otro día me puse al corriente con The Affaire, una serie de la que os hablé no hace mucho como ejemplo de como se puede estropear una serie cuando la idea original no da más de si y la van alargando para crear más y más temporadas que no aportan nada. The Affaire es una de esas y en el penúltimo capítulo se intentaron resolver algunas de las dudas planteadas durante la serie, o ese pretendían. Se trataba de despejar las razones que llevan a varios de los personajes a hacer lo que hacen o lo que han hecho. Han resuelto, o eso parece, un montón de dudas que se supone que teníamos. Porqué Noah se lía con Ali. Porqué Helen hace lo que hace (no quiero desvelar nada más allá de lo que se sabe en el segundo episodio de la primera temporada). Porqué tiene esos sueños. Porqué se martiriza. Porqué. Porqué.

Esa pregunta, directa o indirecta, se hace decenas de veces en los dos últimos capítulos que he visto. Como si el espectador, yo, necesitara saber porqué ha sucedido todo eso. Como si el protagonista, Noah, necesitara saber imperiosamente porqué tuvo un affaire con Ali cuando su vida era perfecta. O porqué su vida no era perfecta. Cosas así. Y yo no entiendo esa obsesión de preguntarse o preguntarnos tanto el porqué de las cosas.

Estoy leyendo un libro que se llama “La magia del orden”. Está escrito por una señora que se dedica a ir por la vida ordenando casas y empresas. Ordenando. No decorando, sólo ordenando. Lleva toda su vida obsesionada con el orden y ahora se gana la vida con eso. Si, yo también he alucinado bastante cuando lo he descubierto. Hay gente que se gana la vida con cosas muy raras y, lo que es peor, hay gente dispuesta a pagar por cosas muy extrañas. El libro me la han recomendado dos personas y no tiene mala pinta. De hecho coincido en algunas cosas de lo que llevo leído por ahora y quiero radicalizarme aún más en ciertos conceptos como el de deshacerme de cosas. Cada día arrastro menos lastre porque a base de mudanzas he ido aprendiendo a llevar sólo lo necesario pero hay ciertos “almacenes” que quiero despejar.

La autora del libro pretende que me pregunte porqué quiero orden en casa, qué pretendo obtener en mi vida teniendo un mundo organizado a mi alrededor, porqué de repente me preocupo por el orden, bla bla bla. Preguntas que debo hacerme. Según la autora la respuesta final, y debo hacerme todas las preguntas que sean necesarias hasta llegar a esa respuesta, es que quiero ser feliz. La virgen, cuanta complicación. Lo que todos queremos, ser un poquito más felices.

Y de nuevo volvían los porqué en apenas dos días decenas de porqués. Parece que estamos obsesionados con conocer el porqué de las cosas o algo así. Siempre digo que soy muy cigarra, muy sencillo. Yo no pienso tan a largo plazo ni me remonto tanto en mi pasado. No pienso tanto que si de repente quiero vaciar unas baldas de un armario llenas de DVD’s, que fui comprando cuando me dijeron que era el formato definitivo de video, es porque ya no los uso y porque he descubierto que nada es para siempre. Y puede que de pequeño la canción esa de “un diamante es para siempre” me obsesionó y dedico mi vida a la búsqueda de algo eterno. Apuf, que pesadez. Simplemente he decidido que no quiero basura en casa, cosa que no me aporten. Listo. Ya. Qué complicado.

Me da igual que Noah tenga un trauma infantil y por eso ha tenido un affaire con Ali. Es más, me decepciona. Yo pensaba que era pura pasión, deseo, fuerza, el hoy sin pensar en ayer ni mañana. Me encanta esa idea. Esa pausa en el tiempo, ese pensar que sólo existe ahora. No pensar en las consecuencias ni en el pasado. Me he forzado últimamente a pensar en el mañana, en lo que pasará, ya tu sabes, y no me gusta aunque sé que debo hacerlo. Me gusta ser más inconsciente. Sé que no es bueno, que mañana llegará y puede que los actos de hoy tengan sus consecuencias, pero me gusta esa sensación de saber que me he dejado llevar por el momento, que lo que ha pasado es porque tenía que pasar. Porque nadie pensaba en el mañana.

En The Affaire me gustaba esa sensación, entre otras cosas de la serie. Esa sensación de pasión desbordada sin posibilidad de contención. Cuando alguno de los dos pensaba en lo que había más allá de ese momento se rompía la magia y el otro se enfadaba. No había nada más allá. No hay razones ocultas, traumas infantiles, porqués… solo deseo. No me gusta pensar que todo tiene una explicación, su porqué. No quiero tantas preguntas ni tantas respuestas. Me gusta que las cosas sucedan.

Y eso lo dice un tipo que ha empezado a apuntar todos sus gastos y que quiere organizar sus armarios, habitación, casa, vida… pero ojalá no vuelva a pensar en mañana en según que situaciones porque no hay nada más hermoso que dejarse llevar. Un “esto es absurdo” a tiempo y dejar que pase lo que tenga que pasar. Sin porqués, sin análisis, sin consecuencias. Que pase, se disfrute y quede en el recuerdo.

Menos porqués y más actuar desde el corazón.

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Categorías: Reflexiones de Domingo

4 comentarios por ahora.

  1. Fran dice:

    Yo es que a lo mejor coincido un poco contigo, en esta vida muchas veces pasan solo “porque si” y le da igual que querramos saber o como queramos justificarlo, es por algo tan simple como un “t’ha tocao”

  2. Paula dice:

    Te leí ayer, mal y rápido en el coche. Te releí anoche, intentando sacar una moraleja de todo lo que has escrito. Una moraleja personal claro está, volcar tus reflexiones en mi propia vida… y nada. Vuelvo a leerte ahora con mucho más detenimiento y me siento más contradictoria que nunca, porque soy de esas personas que describes, las que andan todo el día buscándole el porqué a las cosas, pero en cerocomados pego un giro y ese “esto es absurdo” parece como si lo hubieses sacado de mi boca.
    Suerte con el libro, ten cuidado que engancha!

    • Dagarin dice:

      Igual es que ese afán de buscar el porqué a las cosas no es muy natural y al final es mejor dejarse llevar.

      El libro no me engancha tanto pero está bien. En mis próximas vacaciones pondré en práctica algunos de sus consejos.


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