Ataques de soledad

SoledadUltimamente ando sufriendo ataques de soledad. No sé si el término clínico como tal existe pero como aquí hay libertad pues yo lo suelto y me quedo tan pancho. Yo, que siempre me he considerado un lobo solitario y que he disfrutado mi soledad como nadie, sufriendo ataques de soledad.

Y es que en más de una ocasión lo he comentado: me encanta la soledad. Nunca he entendido a esa gente que se asusta por estar solo. He hablado con amigas y amigos y es un miedo bastante común. Incluso hay parejas que se mantienen juntas por simple miedo. Por no empezar una nueva vida o una nueva búsqueda de algo mejor y, sobre todo, por miedo a estar solos. Días, semanas, meses o incluso de por vida.

Yo siempre me he enorgullecido de no tener miedo a esa soledad. Es más, siempre me ha gustado. En más de una ocasión he pensado que ya seguiré solo de por vida. Cuando uno se acostumbra a no convivir se hace difícil acoplarse a otra persona. Porque la convivencia es complicada, mucho. Hay que ceder por ambas partes, adaptarse, llegar a puntos de equilibrio… y cuando uno está solo es libre de hacer lo que quiera cuando quiera.

Mantener la casa enfermizamente ordenada o dejar los calcetines tirados junto a la cama hasta la mañana siguiente. Llegar tarde, cenar o comer fuera o prepararte cualquier cosa. No hay que hacer cuentas con nadie. Poner la peli que quieras, trasnochar, no “negociar” que música poner… Casi todo son ventajas, o así lo veía.

He pasado unos días más acompañado de la cuenta. Me pasa alguna vez cuando viene Jorge y es lo que comentaba sobre la televisión el otro día. Cuando estás acompañado cambian muchas cosas. Y no sé porqué pero esta vez que he tenido visita en casa y que he estado de visita en casa de gente fantástica me está viniendo especialmente largo readaptarme a la soledad. A no dar y recibir un buenos días por la mañana de alguien. A hacer planes o improvisarlos con alguien. A hablar tranquilamente sentados en el salón o cenando en la terraza. Jugar con la consola o ver a otros jugar. Mil detalles de la convivencia.

De repente me dan ataques de soledad. Me doy cuenta de que estoy solo, si. Esa soledad que tanto adoro ahora me aplasta. El otro día tuve que salir de casa, solo, porque sentía que las paredes me comían. Estar sólo en casa me estaba agobiando y causando ansiedad. Yo, el gran lobo solitario, de repente echo de menos tener compañía. Pedir permiso y turno para entrar al baño. Llegar a un acuerdo para ver donde cenar.

Supongo que pasarán. Quizás hacia mucho tiempo que no estaba en tan buena compañía y me ha dado muchísima envidia. Porque con sus pros y sus contras, que no todos los momentos son idílicos, pero hoy por hoy pienso que los pros superan enormemente a los contras. En fin, pasarán estos ataques de soledad, lo sé, pero hoy por hoy aquí están.

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