Pequeños detalles

CompanerosComo ya sabéis he andado de viaje estos días haciendo kilómetros tanto a pie como en coche. Sobre todo en lo segundo, que quieras que no cansa menos. Han sido unos días de desconexión, relax, pensar, reír, ver a los Rollings, desvirtualizar a grandes twitteros y reencontrarme con otros… Y en muchos momentos acompañado por una de mis sobrinas.

Una de esas etapas conjuntas nos llevó a Salamanca, ciudad que no conocíamos ninguno de los dos. Ibamos buscando donde tomar un café, que ya habíamos comido algo, y en una de las calles del centro vimos un sitio con “terrasita” a la sombra y mesas vacías. Parecía un sitio más de comer, más restaurante, que cafetería. Le pregunté a la camarera si podíamos sentarnos sólo a tomar un par de cafés y nos dijo que sin problemas.

No es que fuera un sitio de lujo, pero no parecía el sitio más apropiado para la pinta de “perroflautas” turísticos que llevábamos. Nos pedimos los cafés, que obviamente sirvieron con toda a amabilidad del mundo, y mientras hablábamos se nos acercó un gorrión y se posó en el suelo junto a nuestra mesa.

Se quedó mirándonos, nosotros lo miramos y nos pusimos a hablar con él. Así como lo escucháis. “¿Pero que haces, si no tenemos na?”, “Si sólo estamos tomando café, no tenemos pan ni galletas ni nada”, “De verdad, hombre, sube y mira, que no te podemos dar nada hijo, que no es por no dar, es que el café te va a sentar mal”… y así un rato que debió ser más o menos largo y que no nos dimos cuenta que lo estábamos haciendo bien en alto.

De repente sentimos que se acerca la muchacha que nos había servido los cafés. Pone una rebanada de pan en la mesa y nos dice sonriendo “Ya tenéis pan”. Nos partíamos de risa mi sobrina y yo. No nos podíamos imaginar que nos escucharan y menos que nos trajeran pan. Allí que le echamos a nuestro amigo el gorrión y al poco aparecieron algunos amigos más.

Fue una situación de esas que no te esperas y de la que sé que nos vamos a estar riendo toda la vida cuando la recordemos. Juntos o separados. Y siempre digo lo mismo: esos pequeños detalles no cuestan nada. Ese ataque de espontaneidad de la chica de escucharnos y venir con un trocito de pan no cuesta nada. Y te ganas clientes, una buena propina y, sobre todo, haces feliz a la gente. Los pequeños detalles son tantas veces lo más grandes. Nunca me cansaré de decirlo

2 thoughts on “Pequeños detalles”

  1. Chapó por esa camarera. Había una persona muy mayor que siempre me decía “al mundo regálale sonrisas y te devolverán sonrisas”.

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