Espirales

EspiralMe vais a perdonar por estos post de estos días un poco más “intimos” pese a ser tan públicos pero ya sabéis que esto no es más que un reflejo de lo que me pasa por la cabeza. Y ahora mismo mi cabeza no está tan tecnológica y si algo más reflexiva. Quizás sean las fechas, que invitan a pasar más tiempo pensando debajo de las mantas, quizás sea que ya hace demasiado que no pienso o que no ejercito el corazón (el de sentir) y está algo más revoltoso, pero espero que me disculpéis estos desahogos.

¿No sentís a veces que estáis dentro de una espiral y que caéis sin remedio? Además a mi me pasa que es una espiral que ya conozco. Se repite una y otra vez en mi vida en ciclos. Puede aparecer cada X años o, como ahora, aparecer incluso varias veces en pocos meses. Conozco el camino. Se como empieza. Ya tengo una edad en la que uno ha vivido unas cuantas cosas y sé reconocer los síntomas. Como cuando empiezas con ese leve cosquilleo en los ojos y sentir un poquito de calor y sabes que en dos días vas a tener un trancazo de esos que no te puedes ni mover del sofá. Que no estás malo ahora, pero sabes donde te van a llevar esos síntomas. Pues eso.

Ahora estoy de nuevo en plena vorágine, en plena espiral. Que además es descendente y sé que me llevará a un infierno que no acabará bien. Sufriré. Lo sé. Y es curioso que está espiral es como un tirabuzón de una montaña rusa, como las que os hablaba el otro día. Empieza además desde bien alto. Con ese gusanillo del vértigo y de lo desconocido. Sabes que te va a poner del revés, que te va a acelerar el corazón y que lo vas a disfrutar, pero también sé que va a acabar bruscamente. No llegaré a una zona de desaceleración paulatina, no. Nunca me ha pasado así de momento. Siempre he acabado topando con el final de la vía de golpe y dándome una buena torta. Sólo me queda una opción viéndome donde me veo: bajarme del vagón. Justo ahora que está empezando, que aún no ha cogido demasiada velocidad… o eso pensaba.

En las dos últimas me he llegado a bajar a tiempo. Bueno, en una no del todo pero he conseguido parar mi caída. En la otra intuyo que me voy a pegar la gran piña. Lo veo venir. Porque sé que esta espiral no me lleva a ningún sitio bueno, pero se está tan bien dejándose deslizar por ella. Disfrutando el vértigo, las mariposas en el estómago, la aceleración… Sé que al final no va a haber nada bueno. Como mucho un final no muy desastrosos, pero seguro que no me llevará a ningún sitio.

Mi cabeza me dice que me baje, que  estoy a tiempo, que aún puedo dejar ir el vagón y quedarme mirando, pero se está tan bien aquí que creo que recorreré el camino, aún sabiendo el final. Ya recogeré los pedazos que queden, como tantas veces he hecho antes. ¿Y qué si quedan cicatrices nuevas? Total, ya tengo unas cuantas ¿qué más da una nueva, por muy profunda que sea.

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