Qué fácil era ser feliz

Uno de los propósitos no confesos y no muy firmemente propuestos para este 2018 es recuperar el hábito de bloguear, de contaros mis cosas por aquí. Parece que no empieza la cosa con muy mal pie. Os cuento.

Hace un rato un compañero de trabajo ha publicado la foto que veis en la cabecera de este post. Y os aseguro que casi se me escapa una lagrimita de melancolía al verla. Ese niño pegado a la tele, a oscuras en su cuarto, era yo. Cambiad la consola y el Mario por el Commodore 64 y el Jumpman, el H.E.R.O., Green Beret, Rambo… y ese niño soy yo. Esa sensación de estar sólo en mi mundo virtual, viviendo lo que esos cuadrados gigantes en la pantalla me contaban, ese soy yo. No necesitaba absolutamente nada más para ser la persona más feliz del mundo, aunque no lo sabía.

Llega la noche de reyes, mañana pasaran por aquí y dejarán mil consolas, juguetes, muñecos, muñecas, drones, droides, corbatas, calcetines… Mañana es la noche de la ilusión, no es la primera vez que os cuento que me encanta esa noche sobre todo cuando hay niños en la familia. Es la noche donde la magia viaja en coches de una casa a otra transportando mil cacharros a montar. Donde los susurros se mezclan con las risas contenidas para no interrumpir los sueños nerviosos de los niños, donde los Reyes Magos dejarán lo que con toda su ilusión, esfuerzo y su poquito de estrés hayan conseguido traer para hacer felices a los buenos niños. Al día siguiente, la noche siguiente a reyes, ojalá haya muchos niños y niñas así de absortos en sus nuevos mundos.

Ya sea una Switch, una XBOX OneX, un barco de los Clicks de Famobil, una casa de Pin y Pon, unos nuevos Funko Pop, el perrito que hace pis por los rincones, la cocina de plástico o lo que sea, pero ojalá muchos niños sean felices el sábado por la mañana. Los Reyes Magos se van a esforzar todo lo posible para que así sea. Me consta que conmigo se esforzaban mucho sus Majestades. No era fácil, más siendo tres en casa, contentar a todos, pero yo era feliz el día de Reyes.

Esa escena refleja mi infancia/pre-adolescencia. Unos 12 años tendría cuando mi padre compró el Commodore 64 en lo que entonces se llamaban bazares. Ya hay muy pocos de esos pero quedan. No fue para reyes, fue por unas buenas notas o algo así. Pero antes del Commodore fue el Castillo de los Clicks, el Barco Pirata, los Tente, el Scalextrik, los Mádelman (nunca me gustaron los Geyperman), los airgamboys… que fácil era ser feliz. Qué poco necesitábamos y que grandes momentos nos dieron todos esos juguetes. Como reza la imagen, no sabía lo feliz que era.

Espero que los niños de hoy, los que reciban sus regalos de reyes mañana, recuerden con tanto cariño estos días cuanto tengan 40 años. Y una cosa más os voy a decir: ojalá con 47 años disfruten como un puñetero enano con los regalos que reciban. Que sean de esos regalos que realmente desean, aunque ni siquiera saben cuanto, y que nunca comprarían porque no es útil. Porque así deben ser los regalos: cosas que no compraríamos pero que nos devuelvan la ilusión.

Disfrutad, que disfruten y que extrañen esta época en que son felices aunque no lo sepan. Porque ese extrañar es de los buenos, un extrañar feliz.

Felices reyes adelantados.

6 thoughts on “Qué fácil era ser feliz”

  1. Bueno, yo fui de Atari y en mi casa eramos mas de Papa Noel, pero recordar el portaaviones de Tente, los Airgambois, ay madre, que tiempos aquellos y que ilusiones, felices reyes Dani

  2. Bueno yo, el Commodore 64 jugando sin parar al funambulo. Los airamboys de romanos, el barco pirata y el torreon de los clicks. Y el S.O.S helicopter. nunca algo tan simple podia ilusionar tanto. Bueno y muchas cosas mas. Felices Reyes.

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