22 de diciembre

Ayer fue 22 de Diciembre. Para mi ayer fue el día en que ha empezado la Navidad como tal, por más que diga El Corte Inglés y por más que Rudolph esté loco por salir de su armario sobre el seis u ocho de diciembre. El 22 de diciembre es, desde que tengo uso de razón, el día en que comienza la navidad.

El 22 de diciembre los niños de San Ildefonso comienzan su cantinela desde bien temprano anunciando millones. Que, como casi todo en Navidad, es una pequeña farsa. No es el sorteo donde más premios toquen, no es el premio más gordo de la lotería, por más que le llamemos El Gordo, pero desde siempre se escuchan esas voces repartiendo millones de pesetas antes, miles de euros hoy. Número a número, tabla a tabla, incansables.

El 22 de diciembre es el primer día en que ibas a los bares y comercios y estaban las botellas de Anís, Marie Brizard, Brandy, Baileys… a disposición libre de los clientes para tomar ese sorbito mañanero que te hace entrar en calor. Esos canastos de polvorones, roscos de vino y mantecados varios dispuestos para que cualquiera tome uno a la salud del camarero o comerciante de turno.

El 22 de diciembre, aunque lleven unos días o semanas puestos, brillan especialmente los adornos navideños. Desde hace semanas hay carreras y aglomeraciones en los centros comerciales, pero los días 22 de diciembre se ven distintos. Brillan más, se siente realmente que es navidad de la buena, no de la que nos venden los comercios.

Sí, creo que os lo he dicho alguna vez: me gusta la navidad. Y me gusta que llegue el 22 de Diciembre. No van a ser estas unas navidades especialmente buenas para mi, así son las cosas y así han tocado este año, pero me gusta mantener las tradiciones navideñas.

Ayer, 22 de diciembre, llevé a la oficina esa botellita de Baileys que os enseño en la foto. La coloqué junto al pascuero que compré hace un par de semanas. Unos vasos de plástico y en cuanto hemos estado todos los compañeros de mi oficina a brindar con un sorbito de Baileyus. No se cuando empecé esa tradición del Baileys en el trabajo el día 22 pero lo cierto es que no recuerdo un año en que no haya sucedido. O invitaba la empresa o invitaba alguien. El Baileys, más incluso que el cava, es mi bebida de navidad.

Hace unos meses contraté a una chica para que viniera un par de horas a la semana a limpiar. Una gran decisión para mi calidad de vida. Este año he recordado, no el día 22 pero si hace poco, una palabra que tenía casi olvidada. Aguinaldo. Recuerdo cuando de pequeño iba a visitar a mis abuelos a buscarlo. Dos o tres duros al principio que fuero subiendo a los 20 duros y a las 500 pesetas algún año si no me falla la memoria. El 22 terminaban las clases y nos daban las notas. Según saliéramos parados de la evaluación, el aguinaldo era más o menos generoso.

No recuerdo cuando fue la última vez que me dieron aguinaldo ni haberlo dado alguna vez. No recuerdo haber usado esa palabra para dar un regalo a mis sobrinas en estas fechas. Los reyes eran suficientes. Quizás porque para Papá Noel también solía caer algo, el concepto de aguinaldo se diluyó y desapareció. Este año con Lili, la chica que viene a limpiar a casa, he recuperado esa costumbre del aguinaldo, siendo yo el que por primera vez lo he dado. Y confieso que me ha encantado hacerlo. Me parece un gesto muy bonito que recibí muchas veces durante la infancia y me ha gustado ver esa cara de alegría que yo ponía al recibirlo en otra cara al darlo yo.

Hay costumbres navideñas que no quiero perder aunque algunas se vayan perdiendo ahí fuera. El aguinaldo, recién recuperado. El Baileys con los compañeros de trabajo el día 22. Las cenas/comidas con los compañeros. La cena con los compañeros de mi primer trabajo (los 4 magníficos), las llamadas (ahora guasap) de felicitación navideña el día de nochebuena. Alguna de esas costumbres de toda la vida se van a perder por primera vez en 47 años este año, pero nada es para siempre y lo que no puede ser, no puede ser. Pero todas las que pueda las voy a seguir manteniendo.

Pese a todo, me sigue gustando la Navidad. Me sigue gustando que llegue el 22 de Diciembre. Pese a las ausencias inevitables con el paso del tiempo, pese a los problemas, pese a los cambios, pese a quien pese. Me gusta la Navidad

 

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