Perdón

Necesito que me pidan perdón y enterrar todas las partes de mi hijo juntas. Esa frase decía Emma Suarez ayer en una serie que estoy viendo en Movistar+: La Zona. Necesito que me pidan perdón. Y esa frase me trajo a la cabeza el tema del perdón, y también el de los restos de los muertos del que igual me apetece hablar otro día también, al que tantas vueltas le he dado las últimas semanas sin llegar a materializarlo en un post, aunque más de una vez lo he pensado.

Perdón, como forma de cerrar el duelo, como forma de cerrar heridas. Qué importante parece que nos pidan perdón y perdonar. Y supongo que debería ser igual de importante para quien pide el perdón ser perdonado siempre que ese perdón salga del corazón.

Todo esto me viene del libro Patria de Fernando Aramburu, os lo recomiendo. Es extraño en su manera de estar escrito pues pasa de primera a tercera persona de una manera un tanto extraña y hasta que no te acostumbras a ese tipo de cambios te sacan de la narración. Sin embargo cuando entras sí que es interesante. Habla de la vida en el Euskadi durante los últimos 30 años. Va a ser serie de HBO en unos meses y se centra en 2 familias muy unidas que se enemistan por cuestiones políticas. Es muy interesante sentirlo desde dentro, desde diferentes puntos de vista. Los que sufrieron la violencia, los violentos, sus familias, entorno, amigos… es francamente intenso y merece la pena leerlo.

La cuestión es que la mujer de uno de los asesinados, al igual que Emma Suarez ayer en La Zona, va en busca del perdón. En busca de que le pidan perdón. Necesita que alguien le diga que lo sienten. Necesita que el asesino, o quien ella cree el asesino aunque no sabremos hasta el final si lo es o no, le diga que lo siente. Necesita perdonar. ¿No es una tontería?

Eso puede parecer, de hecho eso me parece a mi en primera instancia pero luego… igual no es tanta tontería. En el caso de Emma Suarez habla de su hijo, al que no sabe si ha enterrado porque hubo un accidente y las identificaciones se hicieron con prisas y errores. Necesita que alguien le pida perdón por no haberle dado los restos de su hijo para darles sepultura.

Perdón. Que dos sílabas más simples y cuanto llevan detrás. Cuanto de sinceridad debe haber tanto en la persona que lo pide como en la persona que lo concede. Cuanta generosidad por ambas partes. No sabes perdonar le dice uno de los personajes a otro en Patria. Y es cierto también. Es complicado perdonar a veces. Hay que saber no sólo decirlo sino sentirlo.

Pedir perdón exige reflexión, exige reconocer con sinceridad un error y que le has hecho daño a alguien. Exige exponerse a que la otra persona no te perdone, reconocer que uno es humano y rectificar. Es difícil pero muy necesario pedirlo tanto por uno mismo como por la persona a la que pides el perdón.

Perdonar exige generosidad. Exige estar dispuesto a pasar página. Exige estar dispuesto a renunciar a la venganza que muchas veces es lo que el cuerpo te pide. Exige hacer de tripas corazón y dar descanso a una persona que se siente mal. Exige dejar atrás el sufrimiento sin pedir a cambio más que ese par de sílabas. Si no, si el rencor queda, el perdón no es sincero y no reconforta ni al uno ni al otro.

Quizás también me han llegado estas reflexiones en un momento en que llevo demasiado tiempo esperando que me pidan perdón. Que me han vuelto a la cabeza demasiadas ocasiones en las que he perdonado sin que me lo pidieran y quizás se me ha acabado esa generosidad. Quizás no lo sabía pero también necesito oír que me piden perdón alguna vez antes de darlo.

Quizás nunca llegue ese perdóname, quizás cuando llegue sea demasiado tarde porque ya no queden ganas de perdonar. Supongo que el perdón, como todo, tiene fecha de caducidad. Quizás es que yo no sé perdonar.

Perdón por el tostón amigos lectores. Ya sabéis, reflexiones de domingo en el Starbucks.

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