Reflexiones de domingo: Luz

Esa luz que entra por esta zona de la casa a esta hora de la mañana en estos días finales de invierno y a principios de primavera me encantan. La cocina y esta habitación desde la que os escribo tienen esa luz, son dos lugares mágicos para mi y más cuando tienen esta luz. De la cocina ya os hablé en su día pero de esta habitación no recuerdo haberlo hecho. Y decir “no recuerdo” empieza a significar cada día menos porque mi memoria cada día da para menos. La cuestión es que esta habitación donde hoy escribo y que es el despacho que se suponía iba a ser mi centro de trabajo hace unos 3 años, fue mi habitación cuando era niño.

De esta habitación tengo infinidad de recuerdos, casi todos buenos. De esta luz matinal entrando por la mañana los fines de semana de marzo/abril mientras el olor a café/Eko y tostadas iba inundando la casa. Del sonido de la lluvia golpeando en el pequeño tejado de Uralita de la vecina del primer piso. De las noches interminables jugando con mis hermanas al fonámbulo o al H.E.R.O. en el Commodore 64 (escuchando a todo trapo el Sin Aliento de Danza, ¿Verdad hermanas?). De las noches viendo el 1,2,3 o Mis Terrores Favoritos en el pequeño televisor de lo que era mi dormitorio mientras mi padre, solo, veía lo que fuera en el salón porque él iba contra corriente en gustos televisivos y o nos adaptábamos a sus gustos o todos a esta habitación. Años tardé en ver Psicosis porque recuerdo que yo era pequeño y a mi no me dejaban ver las películas de terror. Yo me hacía el dormido con los ojos cerrados mientras mi madre y mi hermana veían las películas. Durante años he estado traumatizado con la escena de la ducha sin siquiera haberla visto. Esos violines y esos gritos…. me daba miedo siquiera intentar verla.

Esta habitación ha sido comedor, dormitorio, sala de juegos, ess casi desparecido concepto de “salita”… incluso fue el lugar donde falleció el único abuelo que conocí. Todo eso en una habitación que, siendo la más pequeña físicamente de la casa, siempre he pensado que era una de las más llenas de vida, al menos para mi. Y hoy os escribo desde esta habitación. Algo más tarde de lo que se ve en la foto porque segundos después de hacer la foto un guasap cambia los planes matinales, agradablemente en este caso.

En esta habitación he pasado muchas horas. Confieso que la tengo un tanto abandonada y me he dedicado quizás demasiado a escribir en los Starbucks como bien sabéis, pero a esta hora todavía el agradable sol de invierno me calienta el brazo derecho. De vez en cuando mis ojos miran por la ventana, a ningún punto específico, y se relajan. Las pupilas se contraen y el enfoque se relaja. Siento como si se estirase y relajase el ojo igual que cuando haces estiramientos después de hacer ejercicios. Es maravilloso contar con esta luz cuando trabajas. Luz natural. Sol. Por supuesto tamizado, por supuesto no molesto, pero a mi me da la vida esta luz. Esta habitación.

Cuando volví hace unos años y convertí esta en “mi casa” de alguna forma, fue esta la primera habitación que retomé. De hecho es la única que he terminado prácticamente desde que volví. Sólo una esquina le falta para ser completa y acabo de darme cuenta de lo que voy a hacer con esa esquina. Justo ahora, mientras escribo. Y por supuesto no pienso contarlo, lo descubriréis en cuanto esté vía Instagram así que permanezcan atentos a sus pantallas.

Y yo pensaba hablar en este post sobre empatía, sobre estar al otro lado de la barra, mostrador, mesa… pero al final resulta que uno ve esta luz y le vienen a la cabeza recuerdos que no le apetece contener. Total, ¿qué hay de malo en dejarse llevar?

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3 thoughts on “Reflexiones de domingo: Luz”

  1. Vamos, que empezabas hablando de luz y al final has acabado hablando de recuerdos, por otra parte, la verdad es que como norma general los recuerdos de la infancia suelen ser los mas bonitos y los mas felices que tenemos, pues nada, seguiremos atentos a las pantallas, un abrazo Dani

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