Influencers, instagram y burbujas

Hace ya casi 9 años que se publicó la primera versión de Instagram, allá por octubre de 2010. Yo me uní unos meses después y aunque en términos humanos 9 años son mucho, en términos tecnológicos son una barbaridad. Unos tiempos donde no existían términos como Influencers, por ejemplo

En aquellos años Instagram era una red para fotografías, pese a que muchos dudaran de ello, entre ellos un amigo que jamás comprendió que una red para fotos sólo permitiese publicar fotos cuadradas. De hecho, tardaron casi dos años en sacar una versión para Android porque los desarrolladores se centraban en la calidad de las fotos y, según ellos, abrirlo a Android era dejar que entrasen muchas fotos sin calidad, sólo iPhone tenía cámaras de calidad suficiente.

Total, que eran fotografías y disparadas con el propio móvil, la captura del instante. Tenías que hacer las fotos con la propia aplicación, nada de, como ahora, cogerla de la galería ya editada con otros programas. Hacías la foto con Instagram, aplicabas un filtro y listo. Eso era instagram hace unos años.

Instagram al estilo Facebook

Por si alguien no lo sabe aún, Instagram es propiedad de Facebook desde hace unos años. Una de esas compras muy sonadas y a las que cada vez le vemos más sentido. Yo mismo he dejado de lado Facebook pero sigo estando activamente en Instagram y es algo de lo más corriente hoy en día. El Sr. Zuckerberg no se equivoco en esto y supo ver el potencial.

A partir de ahí la cosa cambió. Había que hacer cambios y «facebookizar» Instagram. Se comenzaron a usar algoritmos para mostrarte en tu Instagram aquello que, según ellos, más te interesaba en lugar de usar el orden cronológico. Se añadieron historias más dinámicas, podías subir fotos retocadas (primer paso para poder subir anuncios, claro)… y así llegamos a donde estamos ahora, con Instagram convertido en un enorme bazar.

Instagram y publicidad

El otro día, a raiz de una pregunta de un instagramer, me dio por mirar cuanta publicidad me aparecía en mi instagram. Tenía 4 fotos de la gente a la que sigo y un anuncio. Cuatro fotos, anuncio. Cuatro fotos, anuncio. En algún caso incluso 3 fotos y anuncio. Igual en las historias. Así pues, Instagram es una enorme máquina para vender en la que estás dedicando una quinta parte de tu tiempo viendo publicidad.

Curiosamente es el mismo límite que tenemos en España para la publicidad televisiva. Desconozco si se aferran a este límite precisamente para tener algo que alegar. En televisión nos resulta tremendamente molesta, ¿verdad?. En cambio en Instagram apenas la apreciamos. Estamos absortos mirando imágenes y simplemente eso lo pasamos un poco más rápido.

Por supuesto hablo de publicidad pagada a Instagram directamente, esa que ellos señalan como «publicidad». El siguiente punto es lo de los influencers, que esa es otra historia.

Influencers

Para que nos quede a todos claro, un influencer es una persona que tiene muchísimos seguidores en Instagram, que es de lo que estamos hablando. Curiosamente es un término que no se aplica a otras redes, sería para verlo con detenimiento, pero siempre lo escucho referido a Instagram.

Tener millones de seguidores presupone, que seguramente es mucho suponer, que creas tendencia. Influyes en la opinión de la gente (influencer) especialmente a nivel de compra, que al final es de lo que va todo esto: vender, vender y vender. Es muy lícito, en mi opinión, que si tienes una cuenta te vendas y vendas tu producto si lo tienes. Yo, por ejemplo, vendo mi libro por aquí o por Twitter, creo que eso lo entendemos todos, pero un influencer lo que hace son anuncios.

En mi cuenta de Instagram hablo de bolsos, tengo tantos millones de seguidores pues consigo que me regalen bolsos a cambio de citarlos. Ese es el principio. Pero seguramente llegue un momento en que tenga tantos bolsos que ya ni me interesen más. Si quieres salir, págame, además de regalarme el bolso, claro.

Extensible a restaurantes, hoteles, móviles o lo que os de la real gana, por supuesto

¿Influencers?

Con esto hay varios problemas, a saber:

  1. ¿Cuántos de esos seguidores son reales? Está más que comprobado que se pueden comprar seguidores a miles, a cientos de miles. Si piensas hacer negocio se trata de tu inversión. Igualmente se compran los likes. Que hayan dado 20.000 veces al corazón de tu post no implica ni que sean 20.000 personas ni que esas personas vayan a comprar ese bolso, por seguir el ejemplo
  2. ¿Cómo sé si me estás vendiendo ese bolso porque te gusta o porque te pagan? Los influencers se venden, y es muy lícito, pero en España no hay nada que les obligue a decirte si te están hablando maravillas de ese producto porque les gusta o porque debajo hay un jamón. En otro países es obligatorio marcar las publicaciones pagadas con #ad #sponsored o similar. Aquí, de momento, no
  3. ¿Influye realmente una foto en Instagram de un particular en las tendencias de compra? Se ha estado viendo que no. No hace mucho una influencer de moda diseñó una linea de camisetas y tenía que vender sólo 36 para que la empresa que las iba a fabricar hiciese una primera tirada. Con más de 2,6 millones de seguidores apenas pudo vender 30. Hace replantearse las cosas

La burbuja

Sin reflexionar demasiado en todo esto, las propias empresas de publicidad han ido engordando esta burbuja día a día aumentando los pagos a los influencers a cifras desorbitadas. Y llegamos a la situación actual en la que las compañías están empezando a recortar presupuesto. No es tarea fácil saber cuantos de los seguidores son reales, no se puede medir el ratio de conversión, no hay manera de saber cuantas veces estás realmente impactando sobre la gente, porque no olvidemos que Instagram tiene su algoritmo y lo que yo publico no aparecerá automáticamente en todos los «muros» de mis seguidores.

No, parece que la cuestión no es sólo tener millones de seguidores. Se empieza a hablar de los «microinfluencers». Personas que tienen menos seguidores, muchos menos, pero tienen credibilidad. Gente como la que hablaba al principio, que dejan claro si algo está pagado o no y que se jactan de decir no a alguna marca si no les convence. Personas reales, que dan opiniones reales y que posiblemente no se hayan currado una carrera como influencer pero resultan ser mucho más influyentes a pequeña escala.

Quizás para las marcas esté empezando a ser más rentable invertir en un pequeño ejército de personas creíbles en lugar de pagar burradas a supuesto influencers que, en la mayoría de los casos, no dejan de ser personas sin más oficio ni beneficio que haber sido capaces de aumentar su cuenta de seguidores. Porque en todo esto dejo especialmente al margen a todos aquellos personajes conocidos por su trabajo y que usan su cuenta de Instagram para estos y otros menesteres. Cantantes, actores, actrices, modelos, escritores, etc.

Total, que así anda el patio en Instagram, un batiburrillo de egos e intereses del que no somos ni remotamente conscientes.

2 thoughts on “Influencers, instagram y burbujas”

  1. Uso Ig, aunque publique poco, y empiezo a estar harto ya de los influencers y de los anuncios, siempre he tenido claro que es la principal red del “postureo”, pero creo que se me está empalagando ya…

    1. A mi me entretiene pero empieza a saturar. Creo que en general las redes ya me aburren pero será que me hago mayor.

      Otra cosa es el negocio y ahí estaba creciendo una burbuja sin sentido. A ver si se estabilizs

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