¿Esclavos de nuestros twits? El caso Maxim Huerta

¿Somos esclavos de nuestros twits? ¿Somos quienes somos o somos lo que twiteamos? A mi el caso Maxim Huerta me lleva a reflexionar sobre eso y otras cosas, pero creo que mejor comenzar por el principio: Qué es twitter. O mejor dicho, cómo veo yo twitter.

Técnicamente hablando Twitter es una red social. Un lugar donde enviar mensajes de 140 caracteres 280 caracteres (sigo sin acostumbrarme y sigue sin gustarme ese cambio que hicieron) con pensamientos, reflexiones, enlaces, fotos, citas… mil cosas. Lo que se te pase por la cabeza justo en ese instante. Es además un lugar estupendo para informarte porque cualquier noticia corre como la pólvora, con lo bueno y lo malo que eso conlleva. Cualquier acontecimiento importante se difunde a una velocidad de vértigo. Por desgracia también bulos difíciles de parar a veces.

Y es que en general twitter no es reflexión, es emoción. Twitter es sentirte cabreado porque han expulsado a nosequién de Gran Hermano, coger el móvil y twittearlo. Es pasar por la calle, ver a una persona haciendo alguna tontería y comentarlo. Que se te ocurra una chorrada, saques el iPhone y publiques un twit. Leer algo y compartirlo o comentarlo. Ya hablé mucho sobre ese tema en algún post pero esa es la idea básica y no concibo twitter sin esa inmediatez. En mi más que modesta opinión, quien no vive twitter así no lo vive realmente.

Porque además un twit muere, o moría, en cuestión de horas o incluso minutos. Algo que publicas pasa al fondo del TimeLine de tus seguidores en nada y posiblemente no lo vean si no lo han visto en el momento. Esa es la magia de twitter y la libertad que te da, seas o no anónimo. No hace falta esconderse tras un pseudónimo, puedes ser tú mismo y tener esa libertad. Eso es twitter para mi.

Y digo lo de la inmediatez y que un twit moría, nos vamos acercando al caso Maxim Huerta, porque ahora parece haber surgido una nueva profesión o hobby, no sé exactamente qué será, que definiría algo así como cloaquero. Alguien que se dedica a bucear en las cloacas de twitter, donde han ido a parar esos miles de twits que una persona publica a lo largo de su existencia twittera para sacar toda la mierda posible. Por mierda no tiene que ser necesariamente malo, en el caso de Maxim Huerta así ha sido, pero también noto que en mi TimeLine de repente alguien, a veces totalmente desconocido para mi, marca como favorito o retwitea algo que escribí hace años. Literalmente años. No sé que hacen allí, que buscan, que pretenden encontrar. Hablo en mi historial, en el de un personaje público como Maxim Huerta entiendo lo que buscan: mierda pura en forma de twits. Y vamos con la reflexión: ¿Es Maxim Huerta lo que twitea? ¿Somos esclavos de nuestros twits? Sí, antes de seguir decir que ya sé que al final ha caído por otro tema, pero la caña que se le ha dado esta semana a cuenta de sus twits no es normal y a eso voy.

Siempre me he negado a borrar twits. Sólo lo he hecho alguna vez por alguna equivocación al escribir en plan escribir burro con v y siempre lo volví a publicar corregido. No recuerdo haber borrado ninguno pero estoy seguro de que algunos de ellos, posiblemente muchos, no me representan hoy. Sí lo hacían en su momento. Vi una persona dando una patada a un perro en un video y quizás twitee “a ver si le meten una patada en los huevos a él para que aprenda a no patear animales” lo cual no significa que vaya a hacerlo. Ese twit era yo en un momento dado. Quizás sufría por amores y escribí algún twit puteando a la gente enamorada y deseando que el amor se acabara. Ahora no lo sentiré así, pero en ese momento esa inmediatez de twitter me permitió escribirlo y ahí está, porque lo sentía. ¿Soy yo esa persona que desea que no haya amor o que quiere que todas las calles se pinten de rosa porque está enamorado? Ni el uno ni el otro: ambos.

MaxIm Huerta seguro que sentía lo que escribió pero lo sentía así en ese momento. Todos soltamos una palabra fuera de lugar, todos tenemos un mal momento. Se pide perdón si hace falta y a otra cosa. En cambio los twits quedan pero el contexto desaparece. Lo que pude escribir un día puede que incluso a mi me resulte extraño ahora, pero ahí está. El ex-ministro de Cultura ha visto como le vapuleaban con twits sacados del contexto en el que los escribió, porque ese contexto no existe. No se le ha dado, o no se le pretendía dar porque ya no hay lugar para hacerlo, la oportunidad de demostrar que no es esclavo de esos twits. Que una cosa es que no le guste el deporte y otro que no vaya a defenderlo como parte de la cultura y la educación necesaria para formar personas. No se le ha dado oportunidad de nada. Finalmente ha sido otro lío, esta vez con el fisco, el que lo ha acabado tumbando, porque porque ya era un árbol muy debilitado.

Como nota final decir que sólo le conozco por encima, no soy seguidor acérrimo de Maxim. De sus libros tiene uno que está entre mis favoritos de todos los tiempos, alguno aceptable y alguno que he sido incapaz de leer completo porque me ha resultado insufrible. Con sus columnas en prensa a veces comulgo y otras no. Con sus twits igual, no está en mi lista de “imprescindibles” como tuitero aunque respecto a twitter especialmente le sentía al menos auténtico, y eso es algo que no siempre se percibe así en twitter con los personajes públicos. Quiero decir con esto que no es precisamente santo de mi devoción pero me parece que lo que han hecho con él es un gran ejemplo de lo que os quería comentar. Y es que si al final nos convertimos en esclavos de nuestros twits (cambiad twits si queréis por fotos de instagram, estados de Facebook o lo que os plazca), al final acabaremos con las redes sociales porque todos tendremos miedo a publicar algo que dentro de 7 años una futura pareja pueda echarnos en cara.

Si le quitamos la espontaneidad, el momento, la emoción… a las redes sociales les quitamos lo que las hace auténticas y entonces será pura fachada. ¿O quizás ya lo son? En este twit final que os dejo, como en tantos otros de Maxim Huerta, yo veo algo de verdad. Y si eso lo pensaba aplicar a su ministerio creo que como poco habríamos visto algo diferente.

 

13 thoughts on “¿Esclavos de nuestros twits? El caso Maxim Huerta”

  1. Está demostrado que sí que lo somos sobretodo si eres un personaje público y a Maxín le ha pasado exactamente lo que describes. Se sienteeeee. Besitos guapo

        1. A ver, yo no hablo de lo de hacienda. Eso por creo que sea como haya sido y aunque fuera como dicen práctica habitual y caí obligada, es motivo de dimisión por coherencia. Yo hablo de todo lo anterior.

  2. Los mismos que siguen votando a los corruptos que nos roban,luego crucifican a este hombre cuando el al menos pago su deuda,cosa que otros no,pq donde esta el dinero que han robado los de la gurtel,Udangarin y demas? pienso que nos hemos perdido a quien hubiera sido un buen ministro

    1. Totalmente de acuerdo. El pagó y, como he leído, era una práctica entre habitual y casi obligada. Las empresas prefería que sus “trabajadores” montaran sus empresas para no pagar nóminas, seguros sociales, etc. Una factura con su IVA y listo. Todo tiene mucho que rascar pero también te digo que ha hecho bien en irse porque entre eso y su pasado twitero, que es de lo que hablo aquí sobre todo, no le estaba poniendo las cosas fáciles a un gobierno que ya lo tiene más que difícil.

      Saludos!!

  3. Ya sé que hablas de lo anterior pero es que sí que pienso que somos exclavos de nuestras palabras cuando sales a la palestra, no es un delito ni nada malo pero lo que se escribe ahí queda.

  4. Creo que juzgar un tweer de 2012 ahora es una gilipollez, de hecho estos momentos de linchamiento publico son totalmente injusto, por grande que sea la burrada, aunque yo puede que alguna vez me haya dejado arrastrar…

    1. Efectivamente. ¿Quién sabe que pasaba hace 6 años por esa cabeza cuando escribió 140 caracteres? es injusto del todo.

      Un saludo!!

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