Perseidas

Hoy he salido a buscar Perseidas. Como hace años, muchos años, me he tumbado sobre el capó aún caliente del coche a contemplar el cielo lleno de estrellas. Hoy estaba solo. En ese sitio de la costa del que os he hablado varias veces. Sé que no es el mejor sitio para verlas, no está lo bastante alejado de las ciudades y además hoy había más tráfico de lo habitual, por lo que la luz de los coches molestaban.

Sólo. Pensando entre otras cosas aquella caza de Perseidas hacer muchos muchos años en junto s la Peña de los Enamorados, en Antequera. Tiene que hacer años porque fuimos una de mis hermanas y yo con mi padre. Y mi padre hace muchísimo que no está. Mi hermana y yo tumbados sobre el coche mirando al cielo. Mi padre abajo buscando también estelas de luz en el cielo. Nos pareció ver alguna Perseida pero yo creo que fue más fruto de la imaginación que estrellas fugaces de verdad. Allí estuvimos unas horas pasando bastante frío, que por esa zona aún en Agosto, refresca de madrugada.

Hoy he estado solo, junto al mar, y aunque he visto varias no he pedido ningún deseo. Alguien me dijo una vez que no pedía suerte porque consideraba que tenía la suficiente y no quería abusar, mejor dejarla para quien la necesitará. Sonaba un tanto chulesco, lo reconocía, pero así lo sentía. Tengo esa conversación, y otras muchas con esa persona, muy presentes en mi día a día.

Hoy no he pedido deseos, ni suerte, nI salud, fortuna o amor. No porque considere que tengo bastante sino porque no creo en esas cosas. Prefiero pensar que lo bueno o malo que me pase será mi responsabilidad para bien y para mal. Tengo muchos deseos pero lucharé yo por conseguirlos. Lo consiga o no, serán mis logros o fracasos.

Hoy no he ido a pedir deseos, he ido s sentirme pequeño. A contemplar esas ingente cantidad de estrellas que nos acompañan cada noche aunque no las veamos por toda esa luz eléctrica que generamos nosotros y que oculta la para nosotros tenue luz de todos esos soles y planetas. Hoy he ido, como tantas veces, a escuchar el mar. He ido a sentirme a tu lado aunque estuvieras tan lejos. A sentir que los dos mirábamos el mismo cielo y quizás, solo quizás, hemos compartido ese instante de vida de una Perseida convertida en estela de luz durante apenas un par de segundos, cada uno en nuestro mundo

Las llaman Lágrimas de San Lorenzo. No me gusta ese nombre. Las lágrimas son tristes. Son Perseidas, acompañan a Perseo y son magia. No son lágrimas, a mi me hacen pequeño y feliz. Quizás tú y yo hayamos sonreído felices juntos viendo la misma Perseida. Quién sabe.

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3 thoughts on “Perseidas”

  1. Tengo la misma sensación de ser un puntito en un universo inmenso cuando contemplo estrellas. ¡Pero siento paz!
    Me parece una noche mágica, aunque no vea ni una ráfaga en el cielo.

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