Reflexiones de domingo: Guerras de escalera

Mira que nos cuesta a las personas hablar las cosas a la cara, de verdad. Con la fácil que es sentarse uno frente a otro, coger el teléfono y llamar o, en el caso que nos ocupa, hablar con el vecino de marras en cuestión. No. Preferimos andar dejando papelitos en la escalera y mensajes en plan indirecta. En fin. Os pongo en antecedentes de la situación que ha desembocado en los carteles que ilustran el post y alguna cosilla más.

Hace cuestión de un mes, si mi memoria de pez no me falla mucho, a mi vecina de enfrente se le rompió el termo. Por romperse quiero decir reventar. Termo eléctrico,  de esos que almacenan decenas de litros y los calientan. Os podéis imaginar el resultado cuando decenas de litros de agua salen de golpe de un termo eléctrico. Los destrozos en su casa no los he visto pero el agua salió por su puerta directa escaleras abajo. A mi, pese a estar enfrente, no me ha afectado pero la escalera y el piso de abajo de mi vecina si que sufrieron los efectos. El agua ha calado en ambos techos y toda la pintura y demás se está cayendo a cachos. Un desastre.

La cuestión es que para estas cosas se supone que está el seguro del hogar. Se les llama y ellos se hacen cargo de las reparaciones pero yo no sé si me vecina es que no tiene seguro de hogar (que por si lo dudáis no es obligatorio como sí lo es el del cocho) o es que tiene los huevos cuadrados o y no ha llamado. El resultado en lo que nos afecta a vosotros como lectores y a mi como narrador es que el techo de la escalera se sigue cayendo a cachos. Raro es el día en que no se abre un poco más el roto en el techo y caen trozos de pintura en la escalera. Y resuelta que mi vecina, que si que debe tener los huevos cuadrados, pasa olímpicamente ni tan siquiera de recoger estos trozos de techo que son culpa suya.

Y así llevamos más de un mes. Es un piso pequeño y las escaleras, no tenemos ascensor, las friega una empresa una vez en semana por lo que entre limpieza y limpieza se van acumulando restos de pintura. Esto obviamente molesta al resto de vecinos y la forma de hacérselo saber, en lugar de pegar en su puerta (todos sabemos perfectamente quien ha sido) y tener una charla con ella para que al menos recoja la suciedad que provoca su accidente, ha sido colocar una nota sutil y delicada, la que ilustra el post. Con su postdata y todo, oiga. Muy fino todo. Lo siguiente ha sido otro vecino uniéndose a la fiesta con la nota que tenéis aquí a la izquierda. Pidiendo un poco de por favor a lo Fernando Tejero. Y ya para rematar la vecina que ha barrido, que no es la que ha tenido la avería y debería arreglarlo, ha subido a mi vecina los restos de pintura que ha recogido y los ha apilado en la puerta de mi vecina, cuan cabeza degollada de caballo en El Padrino. Muy fino todo.

Pero todo esto, sin hablar. Desde el supuesto anonimato de las notas, desde el no querer arreglar las cosas. Y aunque esta guerra de las notas va por mal camino (aún espero nota de la vecina aludida) no es la primera que se produce en mi escalera. Son muy de notitas, muy del anonimato, muy de tirar la piedra (o la nota) y esconder la mano. Y no nos engañemos: es lo que predomina. Es lo que gusta por ahí, escribir y si es posible desde el anonimato. Es lo que pasa con las redes sociales, twitter sobre todo. Es más fácil insultar a alguien parapetado tras un teclado. O ser más vehemente defendiendo una causa desde casa apretando fuerte la pantalla del móvil mientras se escribe que quejándose de verdad donde hay que hacerlo. Es más fácil contar verdades o intimidades desde un teclado que a la cara de otra persona. Y este último punto, lo reconozco, me toca a mi.

Porque más de una vez me han preguntado como escribo ciertas cosas aquí y lo cierto es que debe ser eso: es más fácil contarlo a la nada, escribir una nota, publicar un post o un tuit, que enfrentarse a la mirada de otra persona. Y no tiene que ser una mirada acusadora, puede ser incluso una mirada comprensiva, pero implica tener que reaccionar a alguien y a veces es mejor hacerlo del tirón sin darse uno ni cuenta de lo que está contando. Sin duda interactuar con otros seres humanos es complicado.

Decirle a la vecina que por favor recoja la basura que genera y que arregle la escalare a la cara, manteniendo la compostura y siendo comprensivo es mucho más complicado y genera más esfuerzo que colgar una notita y dejar que la cosa fluya. Es muchísimo más fácil, donde va a parar. Y conste que mi vecina no es que sea de la camorra italiana que vaya a desmembrar a quien le hable, es una persona aparentemente normal, pero mejor colguemos una notita y vayamos dejando indirectas.

Que cobardes llegamos a ser.

También puede que te interese...

8 thoughts on “Reflexiones de domingo: Guerras de escalera”

  1. ¡Ay como no echo de menos lo de las notitas en las escaleras y las puertas de los garages! Es una de las cosas que me animaron a volver al pueblo, aparte de la tranquilidad que da, no se como sera en otros paises, aunque en todas partes cuecen habas, pero ya te digo que aqui en Valencia tambien es una flor que se ve mucho y florece rapido!

    1. A mi me da mucha pena que entre 4 gatos haya tan mal rollo pero supongo que será parte de la naturaleza humana: discutir por discutir

  2. Lo que ocurre en montepinar o desengaño 21, no es nada comparado con las comunidades reales. Hace unos meses, me ocurrió lo mismo con el termo y menos mal que me pilló en casa, que si no…
    Cada vez es más habitual la indirecta en un posit, nota, tweet… y rehuir la confrontación. Que cuesta más, decir la verdad o escucharla? No lo sé. Pero cuando eres claro con otra persona, incluso diciendo algo bueno, como que no gusta del todo. Así que dejamos la notita o el tweet y esperaramos que se den por aludidos. Pero no es lo suyo. Y encima la tecnología lo pone cada vez más fácil…

    1. Y si falla la tecnología, papel y boli que eso lo maneja todo el mundo 🙂

      Seguiremos informando a ver si esto no acaba como Puerto Urraco

Deja un comentario