Reflexiones de domingo: El tacto

Hace poco, con el cambio de trabajo he recuperado el placer de escribir en un teclado mecánico y estoy alucinando. No podía imaginar lo mucho que lo podía notar. Os cuento la diferencia entre un teclado mecánico y el que habitualmente utilizamos al escribir hoy en día en el 99% de nuestros ordenadores. En los comienzos de la informática los teclados eran mecánicos. Cada tecla era básicamente un pulsador como el que encontramos en los porteros electrónicos o el timbre de la casa. En esencia es un mecanismo que al pulsarlo hacemos que se cierre un interruptor y que dispone de unos muelles que hacen que al dejar de apretar vuelvan a su estado inicial y deje de cerrarse el interruptor. Es sencillo ¿no? Hasta aquí claro.

Con el paso del tiempo estos mecanismos, básicamente muelles, que hacían volver el botón hacia arriba cuando dejamos de apretar se fueron sustituyendo por “burbujas” de plástico en cada tecla. Igualmente al pulsar se cierra un interruptor pero ya no hay muelles. Es un pequeño plástico el que hace volver la tecla hacia arriba y dejar de pulsar. La diferencia de coste es abismal, así como la diferencia en el tacto y en el ruido.

Los teclados de membrana, los nuevos, son muchísimos más baratos de fabricas y mucho más silenciosos. No tiene nada que ver el ruido de una membrana al volver a su posición que el de unos muelles. Los teclados mecánicos fueron cayendo en desuso y cualquier teclado que compréis hoy para vuestro ordenador será siempre de membrana… a no ser que busquéis expresamente uno mecánico. Yo aún recuerdo cuando comenzó la transición de un tipo a otro y como los teclados mecánicos los fuimos guardando como oro en paño en mi primer trabajo. Eran un tesoro y el que se hacía con uno no lo soltaba para nada. El tacto es completamente diferente y todos lo apreciábamos y queríamos. Teclados como el de la foto eran joyas a mantener.

Hoy en día con el mundo de los videojuegos para ordenador se ha recuperado el gusto por ese tipo de teclados. Las nuevas generaciones valoran la precisión y durabilidad de estos teclados frente a los mucho más baratos de membrana. Y no se equivocan un ápice. Ahora vuelvo a escribir con uno de esos teclados en la oficina y me siento tan incómodo cuando al llegar a casa me veo aporreando el teclado de mi Mac. Me falta sensibilidad, me falta ese sonido que me indica que  estoy tecleando, me falta encanto. Y todo esto me lleva a reflexionar sobre el tacto.

¿Habéis tecleado alguna vez sobre un tablet? ¿A que os resulta incómodo? Teclear sobre un cristal que no ofrece es retroalimentación que indica que hemos pulsado una tecla es extraño, ¿a que sí? Nos gusta sentir que hemos pulsado algo, que la presión que hemos ejercido con nuestros dedos ha tenido algún sentido. Cuesta acostumbrarse. Hoy en día estamos acostumbrados a teclear en nuestros teclados de membrana y sentir esa tecla hundirse y volver a su posición. Nuestro tacto lo agradece, sentimos que hemos hecho algo.

Con el teclado mecánico la sensación es aún más gratificante y además entra en acción el sonido. Esos clicks no tienen nada que ver en un teclado mecánico que en un teclado de membrana. No es lo mismo que si pulsamos sobre una pantalla pero cuando te acostumbras a un teclado mecánico el resto te parecen “insípidos”, por definirlos de alguna manera.

Nuestro tacto es, posiblemente, el más denostado de nuestros sentidos. Que poca importancia le damos en general. Que si frío y calor, que si sentir dolor y poco más. No le damos ninguna importancia pero está ahí y nos transmite. Desde que pasé al iPhone 7 he notado que Apple se ha dado cuenta de la importancia del tacto. Hay mil pequeños detalles en los que se nota. Muchas pulsaciones de teclas, cambios en las opciones, selecciones en las listas… van acompañadas ahora no sólo de sonidos, que podemos desactivar, sino también de pequeñas vibraciones. Lo llaman Haptic Engine, el motor háptico. Tratan de incorporar el tacto a nuestra interacción con el móvil. De hecho una de las cosas que han eliminado es el botón Home, el círculo central de la parte inferior. Ahí sigue ese círculo, pero ya no es un botón, es una zona táctil sensible a la presión y con “respuesta háptica”. Al pulsar sobre él detecta nuestra presión y nos da una respuesta a modo de vibración como si lo hubiéramos pulsado cuando en realidad sólo lo hemos apretado. Nos da esa “respuesta” porque se han dado cuanta de que nuestro tacto es importante.

Ese detalle y muchos más. En mi Apple Watch hay una aplicación que se llama Respirar. Pretende que durante un minuto sólo respires, te centres en tu respiración y te olvides del mundo, una especie de meditación de andar por casa. Mediante una imagen en pantalla que se expande y contrae te indican que inspires y expires. Sencillo, sólo hay que mantener el ritmo e intentar dejar tu mente en blanco. Por supuesto la imagen va acompañada de respuesta háptica. El reloj vibra acompasado indicándote el ciclo que debes hacer. Esa sensación también ayuda a la concentración, porque nuestro tacto es importante.

El tacto, ese sentido que tan abandonado tenemos. Como hablamos de olores, sabores, gustos, música… pero que poco de tacto. Qué poco apreciamos, o eso parece, el poder de una caricia suave sobre la piel, el roce de unos dedos sobre nuestras manos. Alguien me decía que se notaba electricidad, química, energía. El roce sencillo de unos dedos. La fuerza contenida y dosificada de un masaje, el calor de una taza de sopa o café por las mañanas cuando tienes las manos frías, el frescor de una mano maternal/paternal sobre la frente cuando tienes fiebre, el roce de unos labios sobre nuestros labios, el frescor de un suelo frío en nuestros pies en un tórrido día de verano, el calor del fuego de una chimenea sobre nuestra piel, el poder de caminar sobre la fina arena de una playa sintiendo como nuestros pies se hunden, acariciar a nuestro mascota, ese roce furtivo y sin querer de alguien que pasa a tu lado, esa suavidad de una prenda que se estrena, ese dedo que busca la forma de tocarte a escondidas, sentir el abrazo de un ser querido, abrazar a un ser querido…

Todo eso y mucho más es tacto. Sobre todo eso me hace reflexionar  haber vuelto a teclear sobre un teclado que me hace sentir que estoy escribiendo. El tacto hay que valorarlo más. No estaría de más salir al mundo y tocar, sentir, abrazar, besar….

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