Reflexiones de domingo – Caminando

Os conté, creo, que el 2017 iba s ser mi año de la salud física. La mental, tras unos cuantos altibajos, está bastante bien, gracias. Todo lo bien que puede estar en estos tiempos que corren. La cuestión es que dentro de este propósito de salud he decidido caminar casi a diario. Ya paseaba casi todos los días desde hace meses pero ahora he decidido caminar algo más en serio. Ponerme mis zapatillas de deporte, de las normalitas del Decathlon por ahora, y andar ligero.

Entre otras cosas me ayuda haberme comprado uno de esos gadgets que me tentaba desde hace ya mucho tiempo, un Apple Watch. Eso de que te recuerde cuando llevas una hora sentado que muevas un poquito las piernas, eso de que te controle pasos que das, calorías quemadas, ejercicio que haces durante el día… pues motiva. Debe ser eso que llaman “gamificación”. Motivarte convirtiendo lo que te conviene hacer en una especie de juego. A mi eso de que Siri me felicite cuando cumplo mis objetivos, que de vez en cuando me den un logro y tal, me gusta. Supongo que aunque no sea muy consciente soy algo competitivo y eso de superar metas me va.

Esta mañana me ha tocado andar por el Paseo Marítimo. Una de las aplicaciones que uso, aún te me he terminado de decidir por ninguna, me ha retado a hacer 5 kilómetros. No suelo andar tanto, normalmente tres o cuatro pero ha bastado la propuesta para que me lance Paseo Marítimo adelante a conseguirlo y además intentando imponerme un ritmo decente algo más fuerte que pasear. El resultado lo veis en la foto, un ritmo para mi decente sin matarme. Y me ha gustado. Y he querido más.

Me ha gustado esa sensación de empezar a sudar. Curioso: el sudor es como la soledad: si es buscado es lo mejor del mundo, si no es terrible. Ya os conté mis problemas de sudoración. Total, que ha sido una caminata más que agradable. Notar los músculos de las piernas cálidos y estirados. Notar el sudor por la espalda y la frente. Sentir como con el sudor se van toxinas que uno almacena en el cuerpo, pensamientos negativos. Y pensar. Porque de momento no me llevo música, escucho el entorno y pienso.

Escucho de pasada las conversaciones de la gente. Oigo el mar, que para eso me voy al Paseo Marítimo. Oigo los perros, las risas, las chonis, algún coche (muy pocos, la verdad), las bicicletas, los ritmos acelerados de los corredores, las charlas de enamorados, las confesiones de amigas, las risas. Veo el mar, veo a la gente que hace esfuerzos por mantenerse activa pese a los muchos años que se ve que llevan a sus espadas, los que van sobrados, los padres y madres con los niños en el asiento especial de la bicicleta y como esos niños van disfrutando el sol. E imagino que como yo van empapándose de olores, colores, sonidos y hasta sabores.

Sólo camino. Disfruto, observo, pienso. De las reflexiones ya os hablaré. Nada grave, pero de repente se me ocurren cosas extrañas como por ejemplo si habrá un asilo para palabras olvidadas. Un lugar donde esas palabras que ya no usamos están esperando que nos acordemos de ellas. E imagino conversaciones entre ellas. Imagino que están todas allí en sus sillitas jugando a las cartas o al dominó. Activas, por supuesto, y recordando tiempos pasados. No es un cementerio, es una especie de asilo donde están tranquilas y disfrutan su madurez.

Imagino a “Ultramarinos” quejándose de lo famosa que era y como la gente la usaba a diario y la colocaba en grandes carteles en las fachadas de sus comercios. Y de repente llega “colmado” y le dice que no se queje tanto, que al menos “ultramarinos” sigue estando en algunas tiendas y sobre todo sigue siendo una sección importante dentro de los supermercados. Ahí está de vez en cuando “ULTRAMARINOS” en mayúsculas con letras luminosas.

  • ¿Y de mi quien se acuerda? – insiste Colmado -. Antes estaba en cualquier esquina de cualquier barrio y cualquier madre le decía a sus hijos “baja al colmado a por pan”. Ahora nada, ni mu.
  • Quejicas – dice Pardiez uniéndose a la fiesta de abuelos cebolletas de las palabras -. Por lo menos a vosotras os tratan con cariño. A mi sólo me llaman para mofarse de mi en plan antiguos, cuando quiere soltar una expresión de asombro con recochineo. La culpa es de esos andaluces, todo el día recortando palabras soltándolas con desgana. Con lo bonita y sonora que soy. Esa Z  al final… Sin falsa modestia, soy una gran palabra.
  • Nada, nada, que aquí se está muy bien. Yo ya prefiero que ni me llamen – apunta córcholis siempre de la mano de pardiez buscando su sitio -. Que sí, que siempre he sido un poco cursi, lo reconozco, pero antes cuando me usaban no se reían.
  • Buenos días, señoras. – Saludan dos nuevas que de van siempre de la mano y que cada día pasan más tiempo por allí.
  • ¿Y vosotras que hacéis aquí, Albóndiga y Croqueta? – pregunta alféizar extrañada -. Si a vosotros aún no os ha jubilado nadie.
  • Ya hija, pero desde que nuestras “primas” almóndiga y cocreta andan por ahí cada día ganan más adeptos y claro, ya no podemos decir eso de que nosotras somos las de verdad, que ahora tienen su categoría de palabras oficiales – cuenta con pena croqueta -. Y que queréis que os diga, nos vemos cada día más aquí. Esas cosas pasan.
  • No os desaniméis muchachas –  les dice feliz sólo con tilde, que está de visita a ver a algunas amigas que dejó cuando quisieron jubilarle. Fijaos en mi, que me querían dar el pasaporte y aquí seguimos mi tilde y yo. Luego a la gente le da por hablar bien y quien sabe si esas primas bastardas son las que acaban aquí… o peor. Que al menos de todas estas la gente se acuerda de vez en cuando pero me da que estas dos…

Y esas y otras cosas voy yo pensando mientras camino bajo el sol, sudo, oxigeno mi cuerpo y relajo mi mente.

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5 thoughts on “Reflexiones de domingo – Caminando”

  1. Ante todo, felicitarte por tus caminatas, y segundo, que jodio con las palabras jubiladas y que mal escribimos ya leñe! En fin, alli estaran con sus cuentos de abuellto Cebolleta!

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