Vivir

vivirEchad un vistazo a la foto que encabeza el post. La tomé hace algo más de una semana cuando fui a disfrutar el espectáculo de luces y sonido que ha montado nuestro querido Alcalde en Calle Larios, la principal vía comercial de Málaga. Un espectáculo que se repite día tras día desde el 25 de noviembre hasta reyes a las 18:30 y a las 21:00 . No sé si os llama la atención algo. A mi me lo llamó y tuve que hacer la foto pensando en este post. Si, seguramente os habéis dado cuenta: hay decenas de personas móvil en mano grabando el espectáculo. Y eso sólo en el trocito que alcanza mi vista. ¿En que momento dejamos de vivir para almacenar, grabar, compartir…?

Vale, confieso que yo por supuesto hice mi foto de rigor antes de que comenzara el espectáculo y la subí a Instagram y Facebook, por supuesto. Me gustan las redes sociales y me gusta compartir, pero creo que hay un momento para cada cosa y aquel no era el momento. Vivir un espectáculo grandioso que te invada de luz y sonido recorriendo los 350 metros de Calle Larios no es para vivirlo a través de la pantalla de un móvil. Para eso lo ves en casa tranquilamente en el Facebook de algún amigo o de alguno de los periódicos que lo han colgado ya. Para eso no te metas la paliza de ir cargando con niños, ropa de abrigo, la abuela, el perro, el pascuero…. para eso quédate en casa que lo vas a ver igual.

No entiendo ese afán que tenemos de acapararlo todo en nuestros móviles. E insisto en que soy bastante dado a guardar recuerdos pero sobre todo soy aficionado a vivir, a guardar esas experiencias en en corazón, alma, mente… Hay momentos para vivirlos, no hay más. Y puedes querer un recuerdo, no digo que no, pero hay muchas veces que sobra.

Recordaba el otro día una noticia que leí no hace mucho sobre Adele. Había detenido un concierto precisamente porque una de sus fans no dejaba de grabarla a través del móvil sin disfrutar de la magia del concierto en vivo. Le dijo, más o menos, que ella estaba ahí, en directo, viva. Que tenía la oportunidad de disfrutarla en la vida real y no a través de una pantalla. Que por desgracia mucha gente no iba a tener más remedio que disfrutarla en sus pantallas porque no había conseguido entradas y ella, que tenía esa posibilidad, la desperdiciaba viendo el espectáculo a través de su móvil. Lo que yo digo: no vivía.

En esta vida es genial tener recuerdos de las cosas, hacer alguna foto, tener algo que compartir… es genial e insisto en que lo hago. Sin embargo mis mejores recuerdos no están en foto. Os cuento uno si me permitís. Puede que hasta la haya contado antes, me suena, pero no tengo ganas de buscarlo. Igual es que lo he contado tantas veces que pienso que hasta lo he escrito. Sea como sea, perdonad a este abuelo cebolleta.

Recuerdo una vez con un compañero de trabajo que pasamos unos días en Aguilar de Campoo, provincia de Burgos, en el hogar de las Galletas Fontaneda. Cuando la fábrica cerraba teníamos tiempo de sobra para hacer algo de turismo pero el pueblo se veía en no más de una hora así que el segundo día cogimos el coche y decidimos dar un paseo por los alrededores.

En uno de los cruces descubrimos un cartel que decía “Playa”. ¿Playa? ¿En Burgos? Esto tiene que ser algo raro así que ni lo pensamos, a seguir los carteles de Playa. Finalmente no era más que un embalse en cuya orilla se formaba una especie de “playa”muy sui géneris. El camino era estrecho y no sabíamos donde iría. Como estábamos de turismo y la playa no nos llenó precisamente la curiosidad decidimos seguir adelante. Por el camino cruzamos un par de pedanías con 6-7 casas cada una y nos cruzamos con todo un rebaño de vacas. Era la primera vez que estaba frente a frente con esos bichos. ¿Sabéis lo grandes que son? Madre del amor hermoso. Pasaban con tranquilidad junto al coche, que por supuesto tuve que parar, y nos miraban de vez en cuando. Alguna golpeaba suavemente el coche con su vaivén y todo el coche se movía. Nos reímos y yo me acojoné un poquito. Si les da por embestir mi coche no hubiera aguantado ni un asalto.

Total, pasaron y seguimos. Llegamos a lo que siempre llamaré “El Fin del Mundo”. La carretera literalmente terminaba a unos metros de un inmenso barranco. Había una pequeña barandilla de metro de altura o así que no proporcionaba ninguna tranquilidad para apoyarse en ella y a continuación el mayor valle glacial que haya visto en mi vida. La vista se me perdía en aquel paisaje. Rayos de sol se colaban entre las nubes y lo iban recorriendo con lentitud. Los distintos verdes y ocres se mezclaban por doquier. No se oía más que el viento, eso que si que había bastante.

Nos quedamos unos minutos ahí parados viendo el espectáculo y nos volvimos. No sé ni cuanto estuvimos, cuanto duró el viaje, sería incapaz de volver… pero allí estuvimos y lo vivimos. No había cámaras de fotos en los móviles ni falta que me hizo. Vivir. Eso hice, vivir el momento. Disfrutar el instante y os aseguro que no tengo ni que cerrar los ojos para ver ese paisaje, sentir el viento frío y escuchar ese silencio. No necesito tenerlo guardado en ningún archivo del disco duro, en la memoria del móvil y ni tan siquiera en una foto de papel.

Al final, lo que queda es lo que vives, no hay más. Y me da pena que cada día lo hagamos menos. A veces, sobre todo antes, caigo en ese error de querer grabarlo, fotografiarlo, almacenarlo… cada vez menos. Los recuerdos más intensos no se pueden grabar más que en la memoria. Besos, caricias, risas, emociones, lágrimas, besos (si, es que los besos me gustan mucho). Eso no se borra ni necesita de tarjetas de memoria para guardarlos.

Vivid. Vivamos  más y grabemos menos.

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9 thoughts on “Vivir”

  1. Eso mismo que comentas lo viví anoche con el padawan en un concierto de bandas tributo, la gente grababa canciones enteras sin prestar atención. Añádale la cantidad de borrachos por m2 que había en la sala, y acabas cabreado… gente que se ha gastado un dinero, que no está disfrutando del concierto y que, probablemente, haya dejado en la calle a gente que sí quería disfrutar de un buen concierto.

    Creo que lo comentamos con el tema de las comidas,es el abuso que se hace de la tecnología para documentar todo lo que haces; porque si no lo compartes parece que no lo has echo.

    Personalmente tengo pocas fotos durante los conciertos, con mi pulso increible salen todas movidas; pero, a día de hoy, todavía soy capaz de recordar anécdotas y vivencias de todos y cada uno de ellos… no hay mejor cámara que la que tienes entre los hombros.

    Un abrazo!!

    PD: No sólo Adele, cada día hay más videos (irónico, no??)de las reacciones de grupos/cantantes a esa gente que no disfrutan por grabar todo un concierto.

    1. Es que imagino como deben sentirse los artistas que de verdad sientan su trabajo viendo como pasan esas cosas. Los que tengan su caché, toquen sin importarles nada con tal de cobrar y se larguen, les dará igual pero aquellos que quieren dar un buen espectáculo para su público deben sentirse asqueados.

      Y mira que yo soy de compartir pero creo que todo tiene un límite y que primero es vivir, disfrutar. Y luego si hay tiempo de foto, pues bienvenida sea. Para demasiada gente este orden se ha invertido y como dices lo único que les importa es compartir, que sepan que han estado allí, que han comido eso, que han visto ese concierto, que han… lo que sea.

      Un abrazo!

  2. Yo empiezo ahora a colgar alguna foto mas, pero en general prefiero retratarlo todo en la memoria, no es necesario enlatarlo todo oye, que al final llega el momento y te lo pierdes por estar haciendo el ronto con el movil, vamos a salir un poco de la pantala anda

  3. Yo comprendí todo esto después de un miniviaje de fin de semana a Zahara de los Atunes. Cuando volví a casa me di cuenta de que no tenía ni una foto, que ni me había acordado de hacerlas, se lo comenté a mi madre y ella me respondió: “¡pues sí que te lo has pasado bien!”

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