Recuerdo

CafeHubo un tiempo en que yo viajaba mucho por trabajo. Más de una y de dos veces tuve que ir a Burgos desde Málaga cuando recorrer esa distancia suponía toda una odisea, no como con los transportes que hay hoy en día. A veces acompañado, a veces sólo. En tren, bus o coche. Recuerdo en uno de esos viajes que hice en tren que tuve que hacer algo de tiempo para coger el de vuelta. Con la maleta a cuestas di un pequeño paseo sin rumbo por la ciudad y como hacía fresco me metí en una cafetería. No recuerdo donde estaba, no recuerdo la decoración, quien me atendió…. sólo recuerdo que entré por una puerta y salí por otra. Pero recuerdo perfectamente ese café. Jamás he probado uno igual de bueno. La crema de la leche, esa espumita natural que ahora se está poniendo de moda y se prefabrica. La temperatura exacta, esa cremosidad, ese bigote de espuma que se me pegó al labio superior. Recuerdo ese café como si estuviera tomándolo ahora mismo.

Recuerdo que cuando era pequeño, muy pequeño, nos mudamos un tiempo a Fuengirola. No fue mucho, unos meses si no me equivoco. Mi padre trabajaba allí y para evitar que estuviera todo el día en la carretera (imaginad la carretera, hablamos de primeros de los 70), nos mudamos allí. Recuerdo vagamente el colegio, la calle donde vivíamos con una especie de recinto donde jugaba. Y recuerdo perfectamente a mi amigo Felipe. Un niño de mi edad, unos 5-6 años, con el que jugaba y hablaba mucho. No recuerdo de qué, pero sé que se convirtió muy rápido en mi más mejor amigo. Con el tiempo nadie recuerda a Felipe. Mi hermana mayor, mi padre, mi madre… nadie sabe hablarme de Felipe y me aseguran que no tenía ningún amigo Felipe. Es más, se supone que yo no tenía amigos en Fuengirola así que llego a la conclusión de que debió ser un amigo imaginario que me inventé, aunque lo recuerdo perfectamente.

Recuerdo bien una chica con la que tuve una intensa relación durante un corto espacio de tiempo. Recuerdo ciertas cosas de ella perfectamente y especialmente el sabor de su boca. Era especialmente “extraño” por no decir desagradable. Recuerdo que no me gustaba como sabía, pero me gustaba la intensidad de sus besos. Recuerdo perfectamente sus labios. Nunca había sentido una fuerza así en unos besos y he tardado muchos años en sentir unos besos que superaran a aquellos en intensidad y fuerza pero que además estuvieran acompañados de un sabor maravilloso, imposible de describir.

Recuerdo bien un día que tuve que separar a mi madre y a mi abuela que estaban enfrascadas en el pasillo de casa discutiendo y habían empezado a tirarse del pelo y arañarse. Sus peleas eran muy habituales pero recuerdo esa especialmente. No sé que pasó de excepcional, no sé a que se debió. Era lo de menos. Ese era su estado habitual, discutir como modo de vida, pero ese día está grabado a fuego en mi cerebro.

Y con todos esos detalles, estúpidos o serios, que mi cerebro es capaz de almacenar, últimamente me sorprende la capacidad de crear lagunas que tiene esta misma cabecita. Lagunas no sé si intencionadas o no, pero lagunas serías y lagunas sobre cosas que deberían ser importantes y debería tener bien claras en mi mente. No recuerdo nada de lo que al parecer ocurría en casa siendo yo pequeño entre mis padres y que según parece era mucho. Mi hermana no se acababa de creer el otro día que realmente no lo recordara pero os aseguro que es cierto.

Recuerdo perfectamente el primer día que vi a Sandra, mi ex. Recuerdo su perfil, recuerdo como nos hablamos… y en aquel momento no era más que una amiga de mi hermana que había venido a casa a hacer una cosa en el ordenador y que veía por primera vez. No tenía ni idea de lo que iba a ser luego para mi. Para bien y para mal. El otro día una de mis sobrinas me envió una foto por guasap que luego colgó en Facebook. Me fijé en mis padres porque seguramente esa es una de las últimas fotos, si no la última, de los dos juntos. Me preguntaron por un anillo que llevo en la foto. Una alianza, anillo de compromiso o como lo queráis llamar. Estaba con Sandra, aparece en la foto. ¿Seréis capaces de creerme si os digo que soy incapaz de recordar esa alianza? Ni tan siquiera recordaba haber llevado nunca una alianza.

Si me hubieran preguntado hace 3-4 días, antes de la foto, si alguna vez había llevado anillo de compromiso hubiera dicho que no y os juro que la máquina de la verdad la hubiera pasado. Mi extraño cerebro recuerda la espuma de aquel café de un día de otoño hace 25 años en Burgos como si fuera ayer y no es capaz de recordar que una vez llevé un anillo por lo que se supone que acepté un compromiso serio con alguien. Y es de suponer que debió haber entrega de anillos y toda la parafernalia, pero mi cerebro crea lagunas. Supongo que si la ha creado alrededor de ese anillo debe ser por algo. Y hago lecturas al respecto, no sé si acertadas o equivocadas, pero igual no debería comentarlas aquí, ¿no os parece?

Dejémoslo en que mi subconsciente ha decidido que ese anillo no debía estar allí aunque estuviera físicamente (hay pruebas fotográficas), lo mismo que decidió que Felipe debía estar aunque realmente no estuviera.

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9 thoughts on “Recuerdo”

  1. Dan, como se nota que has visto “Del Reves”, en serio, el acceso a unos recuerdos de forma mas rapida q a otros suele ser mas que normal, aunque nadie sepa 100% seguro como funciona, yo tengo muy buena memoria y a veces me hablan de ciertos momentos recintes que no recuerdo en absoluto, y sin embargo me acuerdo perfectamente de mis primeros de colegio, de los viajes en el asiento trasero del Simca 1000, esos asientos de eskay pelados, mis caseta de verano en la sierra, 2 amigos de la casa cercana,y todas las perras que han estado en casa (aunque siempre tendre mi favorita, duro 20 años, y siempre alegre) y sigo sin comprender como me olvido de cosas de hace una semana.

    1. El asunto es que no es solo entre cosas recientes o antiguas sino en la selección que el cerebro parece hacer entre lo que quiere y lo que no quiere recordar. ¿Cómo puedo ser incapaz de recordar nada sobre ese anillo? Me parece increíble.

  2. La memoria es muy selectiva, yo también recuerdo muchas cosas de hace mucho tiempo y vagamente algunas más cercanas. No hace mucho me han recordado cierta trastada de niño de la que no tengo constancia ninguna!! Un paseo por casi toda la ciudad hasta aparecer en la puerta de casa con 5 años. Lo curioso es que mis padres estaban en el punto de origen, y como no los vi… 😛

    Supongo que, como dice Fran, nosotros elegimos qué recuerdos son más importantes y se quedan grabados a fuego y que otros deben irse como los garabatos que hacemos en la playa cuando sube la marea.

    Un abrazo!!

    1. Debe ser algo así pero esa selección… Debe haber un par de pocos por ahí decidiendo sin mucho criterio… Quizás con demasiado.

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