La Coquette Blues Bar

LaCoquetteComo ya sabréis si me seguís por Twitter, Facebook y/o Instagram (y si no muy mal), he pasado unos días de vacaciones por Madrid. Días de relax, paseo, sol, vermú, cervezas… sufriendo, vamos. Días además de reencuentro con una buena amiga y de encuentro con nuevas amigas. Siempre en buena compañía. Y aparte de las visitas habituales y casi obligadas para mi, esta vez mi amigo Jorge me llevó a conocer un garito en el que nunca había estado, La Coquette Blues Bar.

Entrar en ese lugar fue para mi desde el primer instante algo mágico. Es conocido, un garito donde hay música en vivo siempre y que cada domingo organiza una Jam Session. A ese momento único es que al queríamos asistir el domingo. Pese a ser conocido como no sepáis bien donde vais posiblemente os lo paséis de largo. Una puerta pequeña y un cartel discreto. Si miráis hacia dentro sólo veréis un acceso a los servicios a la izquierda y una escalera de descenso al paraíso del blues.

Tres o cuatro tramos de escalones y llegamos a la zona de la barra. Todo el ambiente es oscuro. Las paredes son de ladrillo rojo. Parece que estamos entrando en una especie de catacumbas o cavas de vino con siglos de historia a sus espadas. Se oye música viva desde el primer momento que entramos. Ahí está el espectáculo en marcha.Imposible pasar de la primera estancia donde esta la barra para entrar a la “sala de conciertos”: Todo es pequeño, en la barra apenas caben 8-10 personas de lado a lado. Y eso que es en forma de L. Soy muy malo para las medidas pero apenas tendrá 3-4 metros en cada lado ese recinto cuadrado.

Al cabo de unos minutos termina el primer pase, algunas personas se marchan. Aprovechamos para acoplarnos justo en primera fila para disfrutar todo lo que queda de noche. El lugar es pura magia. Apenas cabrán 50 personas en aquella sala toda de piedra. Está lleno de gente sorprendentemente joven. El Blues no es cosa de carrozas, la buena música gusta a cualquier edad. El ambiente es curioso, todos parecen conocerse, más o menos.

Hay una chica que me llamó especialmente la atención. Tendrá alrededor de los 20 años y está colocada justo detrás nuestra. Antes de comenzar el segundo pase me llama “guárdame este sitio, porfa”, y me sonríe. Me habla con total naturalidad, como si me conociera de toda la vida, se levanta y va a la barra a pedir. En ese ambiente oscuro, cargado y que imagino lleno de un humo que hiciera casi imposible respirar hace unos años, ella recorre pizpireta la escasa distancia hasta la puerta que conduce a la barra. Tarda una eternidad porque creo que no dejó a nadie sin saludar.

Besos, abrazos, caricias (la gente en Madrid, al menos en esos ambientes, se toca mucho y con mucha naturalidad), sonrisas. En un ambiente como el del Blues que un servidor tiene idealizado como algo oscuro lleno de Bourbon y humo, ella destaca. Todos parecen conocerla o ella a todos. El ambiente lo propicia. No es un lugar grande y parece casi una reunión en casa de unos amigos.

¿La música? ¿Hay forma humana de describir la música con palabras? La habrá, pero este humilde bloguero no va a meterse en camisa de once varas. Todos los que fueron subiendo al escenario, o casi, hicieron interpretaciones magistrales pero además hubo algunos momentos en que la química de la improvisación funcionó especialmente. Momentos en los que sólo con unas miradas y un pequeño gesto le daban un vuelco a lo que la canción se supone que debía ser. Momentos en los que saltaban chispas de inspiración y gozo entre artistas que, sin conocerse demasiado, se compenetran como una pareja teniendo el mejor sexo.

Un ambiente en La Coquette lleno de personajes carismáticos. Aparte de la chica pizpireta, el camarero extranjero (no pregunté su nacionalidad) que parecía salido de un pub irlandés. El “abuelo” del bar loco por salir por primera vez ante un público con su bajo a marcarse una canción, con ese aire de motero que ha recorrido 20 veces en su vida la ruta 66. El chaval con cara de empollón y no haber roto nunca un plato que arranca a la guitarra gemidos que estremecen el corazón y con una voz quebrada que no puedes creer que salga de ese cuerpo. La chica sola que baila, bebe con su pajita mordiéndola mientras juega con ella y cierra los ojos disfrutando la música con una sensualidad que posiblemente desconozca pero que calienta aún más el cerrado ambiente. Los asiduos, los nuevos… pero sobre todo la música y el respeto.

La Coquette me pareció más que un bar. Algo hay dentro de esas paredes que se mete en las venas y te atrapa. Entiendo que los que allí se veían sean asiduos porque es un sitio que, si o si, tienes que repetir. Y si estás en esa ciudad, más aún.

Y como no os he podido hablar mucho de la música, permitidme que os deje este pequeño video para que os hagáis una idea. Perdonad la calidad, pero la luz y grabar con un móvil es lo que tienen. Si os gusta la buena música y los lugares especiales, La Coquette es vuestro lugar de peregrinación fijo en Madrid.

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5 comentarios en “La Coquette Blues Bar

  1. Una gran experiencia. Eso es algo que echo de menos en el sur, la variedad de locales musicales; gente que apueste por música distinta y no tenga que recurrir a la de moda, quizás es lo que tienen las grandes ciudades…

    En cuanto a la cantidad de gente joven, no me extraña. Cada vez se conforman menos con la música que impone las radio fórmulas y, si en casa han escuchado variedad, eso les hace estar abiertos a escuchar de todo sin criticar. Igual hay salvación en ese sentido para la humanidad 😛

    Y muy bien, has cumplido la promesa de usar “pizpireta” pero no deberías haberla resaltado, así habrías descubierto quien realmente ha leído el post.

    Un abrazo!!

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