De miradas y preguntas

miradasMe gustan estos post con nocturnidad y alevosía, lo sabéis. Copa de vino a mi lado, alguna lista de música suave en Spotify sonando y reflexiones pausadas. Sé que os gustan a muchos de vosotros y os lo agradezco. Sois mis pequeños cómplices en estas reflexiones, que tampoco nos van a salvar la vida pero que no dejan de ser una buena conversación entre amigos.

Y hoy me pongo a escribir alentado por este post que acabo de leer en Verne, una de las sub-páginas de El Pais. Y es que estos post no son programados, estudiados ni pensados. Surgen de la mezcla del relax y algo que avive esa chispa. En este caso es un post en el que una escritora nos cuenta cómo este verano revivió en sus propias carnes un experimento que un tal Dr. Arthur Aron. En él unió a un grupo de voluntarios por parejas e hizo que se plantearan el uno al otro 36 preguntas. Tras esta batería de preguntas, que iban poco a poco rompiendo los muros y barreras que todos nos creamos antes de conocer a alguien, tenían que mirarse fijamente a los ojos durante 4 minutos. Tras esto debían quedar enamorados.

El resultado del estudio dejó efectivamente una pareja que no sólo se enamoró sino que 6 meses más tarde se casaron. Y por lo que comentan, seguían casados 13 años después de aquel experimento. Ahí es nada. ¿Las preguntas funcionan? Mandy Len Catron, la escritora que repitió (a su manera) la experiencia nos da su explicación. Debe haber algo más, está claro. Este test no va a provocar que Esperanza Aguirre y Pablo Iglesias se enamoren, pero es una especie de catalizador que acelera el proceso.

Las preguntas van adentrándose cada vez más en lo personal de una forma fluida. Si se participa con sinceridad puedes avanzar con esa serie de preguntas en el conocimiento de la otra persona lo que habitualmente se tarda semanas o meses. Cuando empiezas una conversación con alguien tardas en soltarte. Surgen temas intrascendentes durante muchos minutos u horas hasta que por fin se empieza a hablar de temas “serios” y aún así nuestro discurso suele estar condicionado. Nos cuesta abrirnos. ¿No os ha pasado? Justo cuando empiezan a surgir las cosas realmente interesantes hay que dar por finalizada la conversación. O quizás incluso la damos por terminada por cierto pudor a seguir profundizando. Ese juego no te deja huir.

Participar en este juego implica quitarse esas corazas poco a poco y llegar al meollo de la cuestión. Pero además está el juego de las miradas. 4 minutos. Mirando a los ojos a alguien. ¿No os parece una eternidad? Confieso que no soy muy de mirar a los ojos. Me lo decía mi ex. “En tu casa casi nunca os miráis cuando os habláis”. Y es cierto. Las miradas son muy íntimas. ¿Recordáis el tema de los abrazos de 6 segundos que os comenté? Pues para mi las miradas idem. Y de repente este experimento te dice que debes mantener una mirada durante 4 minutos. Y lo primero que pienso es “imposible”.

Pero resulta que echo la vista atrás y recuerdo alguna mirada. Recuerdo una. Me recuerdo a mi mismo mirando fíjamente a una persona durante… no tengo ni idea. No sé si 6 segundos, 60 o 600. No existía el tiempo. No sé bien que buscaba en esa mirada. Supongo que respuestas. Un si o un no. O simplemente disfrutaba el placer de esos ojos y esa persona mirando. Os aseguro que jamás había mantenido una mirada durante tanto tiempo y con tanto placer. Recuerdo sentirme observado atenta y profundamente, mirando dentro de mi buscando también algo y no sentirme desnudo ni invadido. Queriendo que esa mirada se mantuviera ahí hasta que encontrase todo lo que necesitase saber, sin problemas. No me incomodaba, me agradaba. Como los abrazos, hay veces que 6 segundos son una eternidad y otras veces no dan ni para empezar.

4 minutos de mirada es lo que marca el experimento como culmen a las 36 preguntas. No sé si los aguantaría. Sé que nos los aguantaría con cualquiera pero… recuerdo esta otra mirada y pienso si quizás después de un momento de tanta intimidad como compartir esas 36 preguntas… no sé. Confieso que me resultaría curioso hacer el experimento. ¿Y vosotros, pequeños cómplices nocturnos? ¿Os animaríais?

Por cierto, la lista de preguntas, está aquí pero… mejor descubrirlas con alguien haciendo la prueba, ¿no os parece? Yo no las he leído, pero las tengo guardadas en Pocket por si algún día…

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5 thoughts on “De miradas y preguntas”

  1. SI es q hay miradas q son respuestas y a partir de ahí mantener el silencio un rato, q ninguna contaminación acústica me saque de lo q me han dicho esos ojos. Muy bueno el post amigo. Me guardo las preguntas.

    1. Nunca se sabe cuando pueden necesitarse esas preguntas 🙂 Me ha encantado eso de “contaminación acústica”. Hay veces que cualquier palabra sólo puede estropear lo que ha dicho ese silencio y esa mirada.

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