La declaración de la renta

IMG_20140521_231021Ando estos días viajando en el tiempo. Vaciando armarios y cajones de casa de mi madre para ir cerrando este capítulo. Siento que hasta que no haya vaciado todos los cajones de sus papeles y todas sus cosas y tomado las riendas de esta casa no empezará a ser un poco mía, dure el tiempo que dure en ella. Así que ando tirando viejos recibos de la luz, el teléfono, rebuscando escrituras y encontrando pequeñas y grandes joyas.

Fotos en cada cajón de un tipo o de otro, muy muy muy antiguas o de hace sólo unos años, recibos, garantías de electrodomésticos de que dejaron de tener algún valor allá por mediados de los 90 y cosas así. En fin, esas cosas que se van guardando y que como realmente no estorban tampoco nadie se dedica a limpiar especialmente. Tiro mucho, casi todo, pero hay cosas que se me hace difícil. Algunas las voy subiendo a Instagram o las comparto con amigos, como ese correo que encontré impreso quien sabe en que impresora y que me envió el amigo Neneland allá por el año 98. Ambos desde una cuenta de CTV (Centre Telematic de Valencia, ya veis que me devoción y mi destino por esa tierra viene de lejos, no sólo por Alicia) y enviado con el Eudora Mail, ofú, que nostalgia. Escribir sobre esos programas, los lectores de news, la colección de Playmates que descargaba desde los foros, la tardes de Quake… en fin. De hecho tengo un par de cacharros informáticos que han salido por ahí y a los que dedicaré un post tecno-vintage posiblemente en la web de Los Gadgets.

Pero a lo que iba: entre otros muchos papeles me acabo de encontrar hace un ratito con la declaración de la renta de mi padre del año 1.988. Ahí es nada, supera eso Satanás! (Entenderéis esta frase con el post del lunes). Y me han venido a la cabeza las tardes que mi padre pasaba cada año preparando la declaración de la renta. Comprar el sobre en el estanco, que no valía cualquier papel, un libro de instrucciones que daba miedo mirar. Recopilar papeles y facturas que mi madre guardaba en una caja, sumar nóminas… Era tremendo.

Recuerdo que incluso había unas tablas que tenía que mirar para que según el resultado que fuera dando en según que casillas supera lo que debía pagar. Tasas impositivas y cosas así. La calculadora echando humo. ¿O puede que no hubiera ni calculadora? Si, supongo que sí, aunque no lo tengo claro. Mil cuentas en mil papeles e irlo pasando luego todo a limpio con su impecable caligrafía a los papeles oficiales. A lápiz primero, que esos papeles valían una pasta como para equivocarse y tener que comprar otros. Y finalmente recalcar a tinta. Recuerdo que hasta sudaba. No se le podía molestar. Estaba haciendo La Renta.

Luego llegó el PADRE y mi padre, adelantado todo lo que pudo, alucinaba con ese diskette donde sólo tenía que meter unos datos y se lo calculaba todo para pasar al papel (lo lo imprimirlo aún era demasiado pronto). Y el no vivió eso de internet. Y no ha vivido eso de que te llegue un borrador, le des el visto bueno y en unos días tengas el dinero en tu cuenta bancaria. Y hoy nos quejamos cuando los dan cita para la declaración de la renta dentro de 3 semanas, o cuando tardan unos días en pagar, o cuando tenemos que ir allí… Y me acuerdo de mi padre. De lo mucho que le gustaba la tecnología, lo adelantado que fue a su tiempo trabajando con el Ability. Y pienso lo que disfrutaría hoy con tantísimas modernidades.

En fin, ataques de nostalgia que le dan a uno. Pero no de tristeza 🙂

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2 thoughts on “La declaración de la renta”

  1. Buenasss.
    Padrino eso de limpiar cajones y empezar a rncontrar cosas de hace años me encanta. Lo mismo que estar en algún lugar, sentir ese olor en el ambuente, escuchar una música de hace tirmpo, una imagen…. Todas esas cosas que alfinal te hacen aflorar esos momentos de tu vida que tan buenos recuerdos te/me traen, cusndo eramos prkes, los padres con sus drclaraciones, las madres rsclavas de sus casas, siempre haciendo cosas sin parar….. En fin, al final me creo que serán los mejores momentos de nuestras vids.
    Un abrazo padrino.

    1. Son momentos contradictorios, felices, nostálgicos y tristes, pero ganan las coas buenas.

      Un abrazo y feliz cumple caballero!

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