Nueva temporada

Pues si, se acaban las navidades. Para mal y para bien. Para mal porque se terminan tantos días libres, se acaban los regalos, los re-encuentros “obligados” con amigos y familiares, el turrón, los mazapanes… Para bien porque termina el gasto excesivo, la comida excesiva, la bebida excesiva, las zambombas, las panderetas… Vamos, que todo vuelve a ser normal. Trabajo en horarios normales, quedar fines de semana o días mas razonables,… Toca ponerse unos días a dieta para depurar el cuerpo e intentar empezar a cumplir los propósitos de año nuevo.

Yo lo cierto es que agradezco esta vuelta a la normalidad. Volver a coger una rutina de trabajo que, además en mi caso con las bajas, está totalmente perdida. Volver a recuperar el sueño en horas normales, comer algo mas sano. En fin, una cierta tranquilidad que, para mi, es muy de agradecer. Quizás es necesario que haya una rutina para que nos apetezca salir de ella. Cuando llevo tanto tiempo sin ella, la necesito.

Echaré de menos las fiestas y la gente. Algo de la comida, pero no demasiado. Si, quizás soy un hombre un tanto de rutinas ya. No me gusta tanto descuadre y tanto descontrol. Prefiero tener ciertas rutinas que se cambien de vez en cuando (porque cada día las cosas cambian), pero no este continuo desorden de hoy fiesta, mañana trabajar un rato, pasado comilona, vete de compras. No me acaba de gustar. También puede ser porque este año he notado las navidades raras. Y no solo yo, mas gente con la que he hablado me dice lo mismo. Será que la crisis de verdad existe y aunque, sin duda, se ha consumido mas estos días, no ha sido la vorágine de otros años. Menos gente con bolsas por la calle, menos atascaos, menos espíritu navideño/compulsivo en general.

Además, el año empieza con bastantes novedades que me intrigan, en lo personal, en lo laboral, en lo bloguero, en lo externo… Muchas cosas que esperan al día 10 de Enero para ponerse en marcha. No se acabarán el día 11, son cosas de muy largo recorrido y que habrá que irlas viendo evolucionar durante un tiempo y adaptándome a lo que vaya ocurriendo. Lo mas directo quizás son cambios en el trabajo. Cambian mis funciones claramente, además con conflictos. No se si había comentado ya antes que me sentía un tanto perdido en mi oficina. Trabajando mucho pero sin ninguna tarea concreta, de apoyo a los distintos departamentos, haciendo cosas directamente para el jefe, alguna tarea propia… y no me encontraba a gusto. De hecho, cada vez andaba mas perdido y desmotivado. Ahora comienzo el año con un par de tareas bastante definidas, pero el problema es que son tareas muy amplias: seré contable e informático. Y tiene tela, porque son dos funciones tareas muy muy grandes y complicadas, dos departamentos inexistentes como tales (yo hacía ambas funciones pero intercaladas con otras) y ahora estos departamentos tienen que organizarse como tales. Y lo peor es que tengo una fecha límite para ponerlos en marcha que, a día de hoy, veo imposible cumplir.

Voy a poner el mayor empeño posible, pero lo veo complicado. ¿Y sabéis porque lo digo sin tristeza y con ganas de empezar a hacerlo? Porque por fin me veo, en teoría, definido. Por fin tengo una meta que cumplir, una serie de funciones que hacer. Y esto me motiva. Como digo, son tareas a largo plazo y habrá que ver si lo que se ha acordado para que pueda hacerlo se cumple. Todo lleva su tiempo y hay que ponerle ganas por ambas partes: trabajador y empresario.

Lo cierto es que llevo una temporada bastante Zen, bastante relajado y positivo, será por llevar tiempo fuera de la oficina de baja. No quiero poner la venda antes de tener la herida y comienzo esta nueva temporada con positivismo y ganas. No se cuanto durará, espero que todo el año como poco. Nunca se sabe. Quiero creer que los cambios que ando viendo en el trabajo se vayan a materializar en cosas también positivas para mi y para toda la empresa. Eso es lo que quiero ver y eso es lo que estoy visualizando.

Luego la realidad me dará una buena bofetada, no lo se, pero yo voy a poner de mi parte con mi pensamiento Zen.

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